Polémica en Salamanca por la tala de árboles junto a la Catedral
El municipio inició la retirada de ejemplares en la ribera del Tormes. Opositores y ecologistas cuestionan si se busca despejar la vista al monumento.
El Ayuntamiento de Salamanca anunció una intervención de “gestión del riesgo del arbolado” en la Ciudad Deportiva de La Aldehuela y en la ribera del río Tormes, en el tramo comprendido entre los puentes Enrique Estevan y Sánchez Fabrés. La medida implica la tala de diversos ejemplares, una decisión que generó fuertes críticas y la sospecha de que los trabajos buscan favorecer las perspectivas visuales hacia la Catedral.
Desde el gobierno local justificaron la actuación señalando la presencia de pudriciones internas, cavidades, ramas muertas y ejemplares caídos por la acción del viento. Asimismo, el municipio prometió plantar el doble de árboles autóctonos para compensar las retiros y detalló que la madera de mayor tamaño se destinará a calderas de calefacción.
Un proyecto turístico de 820.000 euros
Una semana después de iniciado el plan, una veintena de chopos adultos situados junto al embarcadero fueron retirados, dejando al descubierto la vista hacia el conjunto catedralicio. Esta intervención forma parte de un proyecto de uso recreativo y turístico cofinanciado con fondos europeos, que contempla la construcción de un embarcadero, un mirador y un graderío de 15 metros junto al agua, con un costo de saneamiento de la ribera que asciende a los 820.000 euros.
La actuación despertó cuestionamientos políticos y de sectores ambientalistas. El secretario general del PSOE local, David Serrada, ironizó sobre los trabajos al señalar que “quizá ahora los turistas puedan hacerse mejores selfies”. Desde la oposición reclaman que se publiquen los informes técnicos completos.
Las condiciones ambientales y los controles
La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) autorizó el proyecto, excluyendo las islas del cauce, pero fijó condiciones estrictas: a menos de 25 metros de los puentes Romano y Enrique Estevan solo podían talarse árboles específicos que representaran un riesgo real de caída sobre los monumentos. El Comité Antinuclear y Ecologista ha puesto en duda si se cumplieron estos límites, mientras que el Ayuntamiento sostiene que cuenta con el aval del organismo y con las inspecciones previas correspondientes.
Especialistas señalan que los chopos son especies de crecimiento rápido y vida corta que pueden presentar cavidades internas aun cuando la copa luzca sana, lo que fundamenta el riesgo en zonas transitadas. Sin embargo, se debate si la tala sustituye a un mantenimiento supervisado de menor costo.
El impacto de la pérdida de sombra madura
Aunque el Ayuntamiento destaca su política de reforestación —con 32.000 árboles plantados en 2025 y otros 30.000 proyectados este año hasta superar los 200.000 ejemplares—, ambientalistas recuerdan que los nuevos plantones tardan décadas en ofrecer la misma sombra y capacidad de enfriamiento que los ejemplares maduros.
Estudios académicos, como los desarrollados por la Universidad de Granada, indican que la sombra de un árbol maduro reduce la temperatura ambiental en un promedio de 2 ºC, alcanzando hasta 3,5 ºC en momentos críticos, un efecto regulador que no se recupera de manera inmediata con la siembra de brotes jóvenes.
