Los coleccionables de quiosco resisten en la era digital
Pese al cierre masivo de puestos y los cambios de consumo, las colecciones por fascículos sostienen sus ventas y apelan a redes sociales para captar lectores.
Durante las décadas de 1990 y principios de los 2000, la llegada de septiembre marcaba el inicio de una tradición habitual en los quioscos: el lanzamiento de los coleccionables por fascículos. Anunciados en televisión con envases de cartón de gran tamaño y un precio promocional para la primera entrega, estos productos generaban un interés inmediato entre los compradores.
Con el paso de los años, las transformaciones en las pautas de consumo y la caída en la venta de prensa escrita alteraron profundamente el panorama comercial. Sin embargo, las empresas del sector continúan lanzando sus ofertas año tras año y los quiosqueros confirman que este formato aún conserva un mercado activo.
Un sector en transformación profunda
El escenario para los puntos de venta es muy distinto al de finales del siglo pasado. En España, por ejemplo, el número de quioscos pasó de superar los 20.000 a finales del siglo XX a contar con menos de 4.000 en la actualidad. La falta de relevo generacional ante la jubilación de los titulares y el descenso de la venta de diarios han provocado el cierre continuo de muchos locales.
A pesar de esta baja y de que hoy existe la opción de suscribirse por internet para recibir los entregables directamente en el domicilio, los clientes continúan acudiendo a los puestos físicos. Eva Cancela, de la Librería Campus en Lugo, señala que las colecciones se siguen vendiendo bien y que la gente aprecia mantener la costumbre de ir a buscarlas al negocio de barrio.
De las pausas publicitarias a las redes sociales
El modo en que los lectores descubren estas promociones también se modificó. En el pasado, los avisos en las pausas comerciales de la televisión eran la vía principal de difusión. En la actualidad, son los propios responsables de los quioscos quienes publican fotos y videos en sus cuentas de redes sociales para alertar a los seguidores sobre las colecciones que acaban de llegar.
Una tradición de lectura a bajo precio
La venta de publicaciones económicas en los puestos tiene un recorrido prolongado. A comienzos del siglo XX, los quioscos permitieron el acceso a la lectura mediante novelas de formato reducido a precios accesibles. En las décadas de 1940 y 1950, los relatos románticos y de vaqueros mantuvieron una demanda constante.
A finales del siglo XX, el formato de fascículos semanales alcanzó un nivel de ventas masivo. Un puesto en la ciudad de Santiago, por ejemplo, registraba ventas superiores a los 300 volúmenes por semana de una sola colección en las décadas de 1980 y 1990, una dinámica que hoy busca sostenerse adaptándose a las nuevas tecnologías.
