sábado 31 de octubre
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Curiosidades

El experimento de los años 70 que intentó crear un fantasma ficticio

Un equipo de investigadores en Canadá inventó la historia de un espíritu para poner a prueba las sesiones espiritistas, pero el experimento dio un giro inesperado.

Por Radio Plaza
Publicado · 3 min de lectura

En la década de 1970, un equipo de investigadores perteneciente al Grupo de Investigación Parapsicológica de Toronto llevó adelante un experimento inusual: inventar desde cero la historia de un fantasma ficticio. El objetivo principal era comprobar si los fenómenos que habitualmente se registraban en las sesiones de espiritismo se debían a factores externos o a procesos psicológicos de los propios participantes.

Un relato construido para la prueba

Para dotar de realismo a la experiencia, los científicos crearon la biografía completa de un personaje al que llamaron Philip Aylesford. Según el relato ideado por el grupo, Philip era el señor de Diddington Manor —un lugar real en Inglaterra— durante el siglo XVII. La historia sostenía que el hombre se había casado por conveniencia política con una mujer a la que no quería y que luego se había enamorado de otra persona. Al enterarse de la relación, su esposa acusó a la amante de brujería, lo que derivó en su ejecución. Tras la muerte de su amada, Philip se suicidó lanzándose desde un muro.

En la primera etapa de la investigación, las personas involucradas intentaron entablar contacto con el personaje a través de conversaciones sencillas, pero no obtuvieron ninguna respuesta.

La recreación de las sesiones victorianas

Ante la falta de avances, el equipo decidió cambiar la metodología y emular el ambiente de las sesiones espiritistas que eran populares durante la época victoriana. Aunque prescindieron de la presencia de un médium, incorporaron cánticos, chistes y conversaciones ambientadas en la temática.

Con el paso de los encuentros, la mesa empleada en el ejercicio comenzó a vibrar y a deslizarse por el espacio, e incluso dio la impresión de levitar en ciertos momentos. A través de este medio, la figura inventada comenzó a responder preguntas con un código simple: un golpe indicaba una respuesta afirmativa y dos golpes significaban una negativa.

Las teorías sobre el fenómeno

El resultado tomó por sorpresa a los investigadores, quienes formularon distintas explicaciones sobre el origen de los movimientos y los golpes. Uno de los científicos, George Owen, planteó que la experiencia demostraba que cualquier persona podía manifestar capacidad psicoquinética si lograba concentrar su energía mental.

Sin embargo, el resto del grupo atribuyó lo ocurrido al efecto ideomotor. Esta teoría, formulada en el siglo XIX por el médico William Benjamin Carpenter, sostiene que los pensamientos, las ideas o las expectativas de una persona pueden generar movimientos musculares de carácter involuntario. De este modo, la sugestión de los integrantes del grupo habría sido la causa directa de los desplazamientos de la mesa y de los golpes percibidos.

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