El auge de la IA dispara la demanda mundial de metales básicos
Un informe de Wood Mackenzie advierte que la construcción de centros de datos y redes eléctricas exige toneladas de cobre, aluminio y litio, mientras el mercado sufre trabas burocráticas y geopolíticas.
El acelerado desarrollo de la inteligencia artificial no solo demanda mayor capacidad de cómputo, sino también un volumen masivo de recursos físicos para sostener su consumo energético. Un análisis de la consultora Wood Mackenzie reveló que el despliegue de esta tecnología está alterando el mercado mundial de metales básicos como el cobre, el aluminio y el litio.
De acuerdo con el informe, la cartera global de proyectos de centros de datos ya supera los 250 GW, una cifra tres veces mayor a la registrada en 2025. Ante esta expansión, las estimaciones señalan que la demanda de electricidad vinculada a estas tecnologías se multiplicará por cinco antes de 2030 y rebasará los 1.000 TWh para el año 2035.
Infraestructura eléctrica y acopio estratégico
El impacto del sector va más allá del consumo de las propias instalaciones informáticas. Para que un centro de datos funcione se requiere construir redes de transporte eléctrico, subestaciones e instalaciones de generación de energía. Según Wood Mackenzie, este tipo de obras complementarias puede llegar a requerir entre tres y cuatro veces más metales básicos que la edificación del propio centro de datos.
Esta presión sobre los materiales se refleja directamente en las cotizaciones. El cobre alcanzó un precio récord de 14.759 dólares por tonelada, en un contexto en el que países como Estados Unidos acrecentaron sus reservas internas para superar los 170 días de cobertura, mientras que el promedio del resto del mundo cuenta con stock para 48 días.
Tensiones geopolíticas y trabas administrativas
La creciente necesidad de metales choca con una oferta condicionada por el escenario político internacional, el nacionalismo de recursos y la lentitud en la aprobación de nuevas explotaciones mineras. A pesar de las cotizaciones elevadas y el contexto favorable de mercado, la concreción de nuevos proyectos avanza a un ritmo menor al necesario.
Lindsay Grant, vicepresidenta de Investigación de Metales y Minería de Wood Mackenzie, explicó que la dificultad principal no está únicamente en la demanda de la infraestructura energética, sino en la colisión entre ese crecimiento y la complejidad de la cadena de suministro. Según la especialista, los retrasos burocráticos para conseguir permisos y la incertidumbre futura frenan inversiones clave para aumentar la producción mundial.
