El director Bertil Nilsson presenta Masc, un drama enfocado en el estudio de personaje que explora cómo se construye la identidad masculina a través de la observación y la imitación. La película contó con una colaboración estrecha entre el realizador y su actor principal, Joshua Griffin, para componer un retrato íntimo sobre el comportamiento humano.
La trama sigue a Robin, interpretado por Griffin, un joven queer, birracial y neurodivergente que intenta definir quién es a partir del análisis minucioso de los hombres de su entorno. En lugar de tomar la iniciativa de manera constante, el protagonista asume el rol de observador, registrando actitudes y gestos ajenos para intentar replicarlos en su propia conducta.
La búsqueda de la personalidad en distintos entornos
A lo largo de un período de un año, el personaje de Robin atraviesa cinco cambios de apariencia física y prueba diferentes actividades laborales y espacios sociales. En ese lapso, se desempeña como aprendiz de mantenimiento y asistente de laboratorio, al tiempo que participa en un grupo de terapia e intenta entablar vínculos de camaradería con otros jóvenes.
Durante este trayecto, el protagonista adopta modales y rasgos de las personas que conoce, buscando descifrar los motivos por los cuales se comportan de determinada manera. La narrativa combina este proceso de asimilación con momentos introspectivos que exponen sus temores y expectativas.
Una narrativa entre la ficción y el estilo documental
Escrita por Nilsson sobre una historia concebida junto al propio Griffin, la película fusiona la estructura argumental con una puesta en escena de tono documental. Además de mostrar las interacciones reales del personaje, el relato incorpora secuencias que reflejan su mundo interior y la forma en que imagina que podrían desarrollarse ciertas situaciones.
Un ejemplo de esta dinámica se presenta en una escena donde Robin pasa la noche en la casa de su amigo Benji, personaje interpretado por Tega Alexander. Allí se exponen las dudas, incertidumbres y anhelos del protagonista respecto a ese vínculo.
El desempeño actoral de Griffin sostiene la mayor parte del largometraje, con una presencia en pantalla que abarca casi la totalidad de las escenas. Su interpretación transmite la complejidad de un personaje que fluctúa entre la tensión de la vigilancia constante y la soltura física cuando se encuentra en soledad.