Yoon Dan-bi presenta ‘The World Before’ en Toronto y San Sebastián

Siete años después de darse a conocer con Moving On, la realizadora surcoreana Yoon Dan-bi regresa a la escena internacional con su segundo largometraje, The World Before. La película tiene su estreno mundial en la sección Platform del Festival Internacional de Cine de Toronto y también forma parte de la selección del Festival de San Sebastián.

A diferencia de su obra anterior, donde una cámara fija y observacional generaba una atmósfera cercana al documental, en esta oportunidad la directora apostó por una estética diferente para plasmar la etapa de transición hacia la adultez y el surgimiento del primer amor.

El despertar del deseo y el fin de la infancia

La historia se centra en Jin, una adolescente de 17 años, y su reencuentro inesperado con su amigo de la infancia, Du-jae, quien regresa a una isla remota de Corea del Sur para asistir al funeral de su abuela. A partir de este cruce, la cineasta indaga en las emociones encontradas que marcan el cierre de la niñez.

Según explicó la propia directora, su objetivo fue retratar la inquietud y la agitación que se experimentan cuando la inocencia se transforma en deseo. Para ello, puso el foco en la física y el movimiento de los actores, analizando de qué manera la atracción influye en la gestualidad, el contacto físico y los abrazos, buscando reflejar esa intimidad de forma realista sin recurrir a escenas explícitamente sexuales.

Cámara en movimiento y el desafío del rodaje en las islas

En el apartado técnico, la producción optó por una cámara en permanente movimiento, concebida casi como si tuviera un alma propia para marcar el ritmo visual. Asimismo, el equipo priorizó el uso de luz natural, manteniendo tomas en la playa a pesar de los cambios lumínicos producidos por el paso de las nubes.

El proceso de filmación se desarrolló durante los meses de verano en dos islas surcoreanas, bajo un clima de intensa humedad y calor. Una de las locaciones elegidas fue Soan-do, una isla situada en el condado de Wando, en la costa sur del país. Al no disponer de un puente de acceso desde el continente, los técnicos debieron trasladar todo el equipo de filmación manualmente, sin auxilio de vehículos. La filmación también atravesó el paso de un tifón y la ausencia imprevista de lluvias, todo enmarcado en el constante sonido ambiental de las cigarras.