Un nuevo método mide cómo cada animal usa su hábitat

Durante mucho tiempo, la ecología ha evaluado el nicho de las especies a nivel de población o de especie en su conjunto. Sin embargo, los animales pertenecientes a una misma especie no siempre utilizan su entorno de la misma manera. Para abordar esta variabilidad, un estudio reciente presentó un nuevo flujo de trabajo que permite medir el uso del hábitat a nivel individual.

La propuesta, publicada en la revista Individual-based Ecology, parte de conceptos teóricos desarrollados previamente por E. Takola y H. Schielzeth. Posteriormente, el Dr. Takola tradujo esas nociones en una metodología práctica capaz de convertir datos modernos de seguimiento en medidas comparables sobre la especialización del hábitat de animales silvestres.

Cómo funciona la metodología en R

La herramienta fue desarrollada íntegramente en el lenguaje R e integra enfoques de modelado de nichos ecológicos, ecología conductual y ecología espacial. Su proceso está estructurado en tres etapas concretas: preparación de datos, análisis y generación de resultados.

En la fase analítica, el sistema combina funciones de selección de recursos de efectos mixtos —modelos estadísticos que evalúan las preferencias medias y cuánto se desvía cada sujeto— con métodos de exploración de hipervolúmenes, los cuales mapean en un espacio multidimensional las condiciones ambientales que un animal puede ocupar.

A través de este procedimiento, el método diferencia entre las condiciones disponibles para el individuo (su nicho potencial) y las que efectivamente utiliza (su nicho realizado). Esto permite cuantificar tres parámetros clave:

  • Amplitud de nicho: qué tan amplio o reducido es el uso del entorno por parte de un individuo.
  • Solapamiento de nicho: el grado en que el uso del hábitat de un individuo coincide con el de otros.
  • Repetibilidad: la consistencia en la elección del hábitat a lo largo del tiempo.

Aplicación práctica y valor para la conservación

El funcionamiento del método se demostró en un caso de estudio sobre el avefría del norte (northern lapwing), utilizando datos públicos de seguimiento GPS de 13 ejemplares. En el análisis se incorporaron múltiples capas de datos ambientales, como la abundancia de lombrices de tierra, la presencia humana, la aplicación de pesticidas, el manejo del suelo y las características de la vegetación.

Históricamente, la variación entre individuos solía tratarse como ruido estadístico. Sin embargo, los miembros de una especie difieren en genotipo, morfología, hábitos alimenticios y conducta. Los promedios poblacionales pueden pasar por alto el modo en que los animales se adaptan localmente o responden al estrés en su entorno.

Al integrar factores como costos energéticos, tendencias demográficas y selección de espacio, los modelos enfocados en individuos ofrecen una representación más precisa de la dinámica de las poblaciones silvestres. Aunque el estudio fue probado en el avefría, sus autores señalan que el flujo de trabajo está diseñado para aplicarse a otras especies móviles.