Se fragmentó en órbita un satélite espía de la Guerra Fría

El satélite de inteligencia estadounidense USA 32, lanzado durante la Guerra Fría y conocido internamente como «Farrah III», sufrió una fragmentación inesperada en la órbita baja terrestre tras permanecer casi cuatro décadas en el espacio. El evento fue registrado por el Instituto Nacional de Astrofísica de Italia (INAF) y posteriormente confirmado por la Fuerza Espacial de Estados Unidos.

El hecho ocurrió a aproximadamente 775 kilómetros de altitud. Por el momento, ni la cantidad exacta de fragmentos generados ni las causas precisas de la rotura fueron dadas a conocer de forma pública, aunque las autoridades mantienen el rastreo de los restos sin haber detectado amenazas inmediatas.

Un artefacto histórico de la inteligencia militar

USA 32 formaba parte del programa de inteligencia electrónica de la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO) de Estados Unidos. Apodado «Farrah III» en homenaje a la actriz Farrah Fawcett, el artefacto presentaba un diseño cilíndrico y achatado —popularmente denominado «lata de atún»— que giraba sobre su eje a unas 50 revoluciones por minuto.

El dispositivo contaba con tres antenas parabólicas y un procesador táctico diseñado para transmitir datos de forma directa a usuarios en el terreno y en embarcaciones. Aunque su vida útil proyectada era de apenas tres años, documentos del propio organismo revelaron que continuaba operativo al menos hacia finales de 2004.

Las posibles causas de la fragmentación

Los analistas espaciales consideran diversas razones técnicas que podrían haber provocado la destrucción del satélite:

  • Fallas en las baterías: Cortocircuitos, sobrecalentamiento o degradación química de sus componentes.
  • Combustible o gases residuales: Presión remanente en los tanques de propulsión.
  • Fatiga térmica: El deterioro acumulado por miles de ciclos de exposición extrema al frío y al calor del espacio.

Por ahora no hay evidencias de que la fragmentación haya sido producto del impacto de un arma antisatélite o de un meteoroide. Asimismo, se desconoce si el satélite atravesó procesos de pasivación —como la despresurización de tanques y la descarga de baterías— al finalizar su misión, una práctica que no estaba consolidada cuando la nave fue diseñada.

Riesgo de escombros en una zona concurrida

La franja donde ocurrió el incidente, a 775 kilómetros de altura, presenta una densidad atmosférica muy baja, lo que frena los objetos de manera sumamente lenta. Por esta razón, los restos del USA 32 podrían permanecer orbitando durante años antes de reingresar a la atmósfera.

Se trata de un sector con intenso tráfico orbital, donde operan más de 200 satélites activos en un radio de 50 kilómetros y donde también persisten escombros de la colisión ocurrida en 2009 entre un satélite estadounidense y uno ruso. Si bien complejos como la Estación Espacial Internacional (ISS) y la estación china Tiangong se encuentran a menor altitud, existe la posibilidad de que con el tiempo algunos fragmentos desciendan y requieran maniobras de desvío. Los escombros más pequeños son los más peligrosos, ya que resultan difíciles de detectar desde la Tierra y poseen masa suficiente para dañar otras estructuras operativas.