Los murciélagos constituyen aproximadamente una quinta parte de las especies de mamíferos en el planeta y son los únicos capaces de sostener un vuelo activo. Sin embargo, establecer con precisión en qué región geográfica aparecieron sus primeros ancestros representó durante décadas un rompecabezas para la biología, con estudios previos que señalaban a América del Norte, África o Asia como sus posibles lugares de origen.
Para resolver esta controversia, un equipo internacional de investigadores publicó un trabajo en la revista Nature que combinó análisis de genómica de vanguardia con paleontología clásica.
Un origen europeo y su posterior expansión
Durante la investigación, los científicos analizaron genomas a nivel cromosómico de 103 especies distintas de murciélagos. Posteriormente, cruzaron esos datos con una matriz morfológica de 699 caracteres anatómicos pertenecientes a 65 especies y sumaron la información de 44 fósiles previos al periodo Cuaternario.
Los resultados del modelo estadístico arrojaron que, con una probabilidad del 99,2%, el ancestro común de todos los murciélagos surgió a finales del Paleoceno en Europa. A partir de este núcleo inicial, las poblaciones se dispersaron primero hacia África y, con el paso de millones de años, continuaron su colonización hacia América, Asia y Australia.
La ecolocalización existía antes de la dispersión
El estudio también abordó la evolución de la ecolocalización laríngea, la capacidad anatómica que les permite orientarse y cazar mediante el sonido. El análisis de esta característica solía verse dificultado por el mal estado de los fósiles primitivos, que habitualmente aparecían aplastados.
La clave para este hallazgo fue el análisis de un fósil de 50 millones de años hallado en una cueva de Francia, donde se conservaron 23 individuos en roca caliza. El cráneo de esta especie, denominada Vielasia, mantuvo su estructura tridimensional casi intacta.
Al integrar a Vielasia en el árbol filogenético, el equipo científico constató que la ecolocalización laríngea se desarrolló de manera previa a la diversificación de las especies actuales. De esta forma, la facultad de orientarse por el sonido ya estaba presente antes de que los murciélagos se expandieran por el resto del mundo.