jueves 5 de noviembre
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Por qué es clave leerles cuentos a los bebés desde que nacen

La recomendación pediátrica de compartir libros desde los primeros meses fortalece el vínculo afectivo y estimula el desarrollo del lenguaje y la actividad cerebral.

Por Radio Plaza
Publicado · 3 min de lectura
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Fuente: fallback

Desde las primeras consultas pediátricas, los especialistas suelen aconsejar la incorporación de libros en la rutina de los más pequeños. La sugerencia de fomentar la lectura compartida desde el nacimiento cuenta con un firme respaldo de la Academia Americana de Pediatría, que la promueve incluso dentro de las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales. Esta práctica no solo busca entretener, sino también consolidar un vínculo afectivo más intenso con los progenitores y favorecer el desarrollo cognitivo, motor y lingüístico.

Un vocabulario más amplio y diverso

Uno de los beneficios más claros a medida que los chicos van creciendo es la incorporación de nuevas palabras. Un estudio publicado en 2019 calculó la denominada «brecha del millón de palabras», estimando que los niños criados en hogares donde se lee con frecuencia escuchan hasta 1,4 millones de palabras más a través de los cuentos en comparación con aquellos a quienes nunca se les lee antes de empezar el colegio.

La investigación resalta que no se trata solamente de la cantidad de términos, sino de la variedad y complejidad del lenguaje literario, que rara vez aparece en las conversaciones cotidianas sobre la comida o el baño. Para aprovechar este proceso, los especialistas aconsejan adaptar las lecturas a la edad del bebé e ir incrementando la complejidad de forma escalonada.

El impacto en el cerebro a largo plazo

Los efectos de esta inmersión lingüística temprana se extienden en el tiempo. Un trabajo científico de 1995 determinó que la lectura compartida durante la etapa preescolar explica alrededor del 8% de la varianza en las habilidades de lectura y lenguaje cuando los niños ingresan a primer grado de primaria.

En el plano neurológico, un estudio realizado con resonancias magnéticas funcionales en chicos de 3 a 5 años mostró que quienes provenían de entornos con mayor hábito de lectura presentaban una mayor activación en la corteza de asociación parieto-temporo-occipital izquierda mientras escuchaban relatos. Esta zona del cerebro está vinculada a la integración semántica y a la capacidad de visualización mental.

La dosis y la calidad de la interacción

En el año 2020, un análisis que agrupó ensayos sobre casi 2.600 niños de entre 1 y 6 años confirmó que la lectura compartida tiene un efecto causal real en el desarrollo del lenguaje tanto expresivo como receptivo.

No obstante, la evidencia científica aclara que este resultado positivo es modesto y depende fundamentalmente de la interacción y la frecuencia. Leer un libro de manera mecánica o en voz baja tiene un impacto mínimo, por lo que el intercambio activo y la atención compartida resultan determinantes para lograr estos beneficios.

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