El invierno representa un desafío crítico para los mamíferos de pequeño tamaño, que deben mantener su temperatura corporal constante en un contexto de bajas temperaturas y escasez de alimento. Para hacer frente a esta exigencia energética, algunas especies recurren a achicar de manera estacional su cráneo y diversos órganos. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por la Universidad de Hokkaido reveló que el proceso es más complejo: la estructura ósea no se limita a encogerse, sino que se remodela activamente según la época del año.
La investigación, publicada en la revista científica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, examinó 136 especímenes de la musaraña de garras largas (Sorex unguiculatus) pertenecientes a la colección del Jardín Botánico de la institución académica japonesa. El trabajo partió de la tesis de maestría de Yukina Suwa y sumó análisis posteriores a cargo del Dr. Yugo Ikeda, de la Universidad Toyo, junto al Dr. Satoshi Ohdachi.
El fenómeno de Dehnel y la remodelación ósea
Identificado por primera vez en musarañas hace unas siete décadas, este encogimiento estacional y reversible se conoce como fenómeno de Dehnel. Esta respuesta adaptativa, observada también en topos, comadrejas y ratones de campo, les permite achicar cerca de un 20% su cráneo y ciertos órganos internos como el corazón, el hígado y los riñones para reducir el gasto de energía en época invernal, regenerando su tamaño en primavera.
Para profundizar en los detalles de esta transformación, el equipo combinó mediciones de peso corporal y craneal con el análisis morfométrico de 14 rasgos de la cabeza y la mandíbula desde distintos ángulos. El resultado sorprendió a los especialistas: mientras la cavidad que aloja el cerebro efectivamente se reduce en invierno, la zona del rostro que contiene la región nasal aumenta de tamaño durante el período frío y recién vuelve a achicarse al llegar la primavera.
Intercambio de calor y proyección biomédica
A este crecimiento observado en la parte frontal de la cabeza, los investigadores lo denominaron «fenómeno de Dehnel inverso». Aunque todavía se desconocen las causas exactas de este cambio morfológico, los autores del estudio plantean la hipótesis de que un área nasal más grande podría favorecer el intercambio de calor y ayudar a preservar la temperatura del encéfalo.
De cara a futuras investigaciones, el grupo de trabajo proyecta analizar los mecanismos celulares, fisiológicos y de desarrollo que regulan esta modificación. Además, buscarán evaluar si este comportamiento se repite en otras especies de musarañas de la isla de Hokkaido y otras regiones. La comprensión profunda de estos procesos podría ofrecer información relevante para el campo de la neurociencia, el estudio de la plasticidad de los tejidos y la investigación biomédica.