La transición hacia fuentes limpias avanza a paso firme, pero enfrenta un obstáculo estructural: la intermitencia. Tanto la energía solar como la eólica dependen de las condiciones meteorológicas y de la disponibilidad de luz o viento, lo que genera momentos de sobreproducción y otros de baja generación cuando la demanda sigue alta. Para resolver este descalce, las baterías de almacenamiento permiten guardar el exceso de electricidad barata y volcarla a la red en las horas pico.
El contexto global y las metas europeas
Pese a la importancia de esta tecnología, su adopción global todavía es baja. El informe Global Energy Transition Outlook 2025 de la consultora DNV señala que únicamente el 6,6% de las instalaciones solares actuales cuenta con un sistema de almacenamiento incorporado. No obstante, la Agencia Internacional de la Energía calcula que la capacidad mundial de baterías deberá multiplicarse por unas 35 veces para cumplir con los objetivos de cero emisiones netas hacia 2030. En el caso del continente europeo, el crecimiento requerido es de cinco veces en cinco años.
Desde la Comisión Europea impulsan el desarrollo de estas soluciones para ganar flexibilidad, garantizar la estabilidad del suministro y evitar oscilaciones drásticas en los precios de la electricidad durante los períodos de mayor consumo.
El salto de escala en España
En el mercado español, la aceleración de esta infraestructura ya es visible. Según cálculos de la plataforma de análisis energético Modo Energy, la capacidad instalada de baterías en el país podría multiplicarse por diez en los próximos 18 meses. Pablo Martínez, Country Manager de la firma, explicó que los promotores de parques fotovoltaicos apuestan cada vez más por hibridar sus plantas con sistemas de almacenamiento.
Las cifras respaldan este panorama: existen 10,3 GW en proyectos de baterías anunciados con horizonte al año 2029, de los cuales 6,4 GW ya cuentan con expediente iniciado en el Boletín Oficial del Estado (BOE). A nivel de tendencias a largo plazo, DNV prevé que para mediados de la década de 2030 cerca de la mitad de las nuevas plantas solares incorporarán algún tipo de almacenamiento.