El glaciar del Aneto se fragmenta y enfrenta un colapso irreversible
Investigadores del IPE-CSIC advierten sobre el retroceso acelerado del glaciar más grande de los Pirineos, que perdió gran parte de su grosor y podría desaparecer por completo hacia 2034.
El impacto del cambio climático en la alta montaña pirenaica muestra señales cada vez más críticas. El glaciar del Aneto, la masa de hielo más extensa de los Pirineos y de la península ibérica, atraviesa un proceso de degradación acelerado que pone en duda su supervivencia a corto plazo.
Fotografías recientes y mediciones de campo confirman que donde antes se extendía un manto blanco continuo, hoy predominan rocas al descubierto y bloques de hielo sucio. Los monitoreos realizados por el grupo CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) mediante el uso de drones y tecnología láser revelan un panorama complejo: el cuerpo principal del glaciar terminó fragmentándose debajo del Pico del Medio, mientras que el sector ubicado bajo el Collado de Coronas pasó a clasificarse como un helero, dejando al sistema dividido en tres masas desconectadas.
Pérdida acelerada de espesor y masa
Los datos preliminares correspondientes a las evaluaciones de final de verano indican que el glaciar perdió más de dos metros de espesor medio en el último período, dejando su grosor promedio cerca de los 12 metros. El investigador Ignacio López-Moreno, perteneciente al IPE-CSIC, señaló que durante las últimas dos décadas el ritmo de pérdida rondaba un metro anual, pero en los veranos de 2022 y 2023 la reducción superó los tres metros por año.
El registro acumulado de 41 años (entre 1981 y 2022) muestra que el Aneto encogió un 64,7 % de su área y perdió 30,5 metros de espesor medio, al pasar de 32,9 metros a 11,9 metros. Entre 2011 y 2020 únicamente, la superficie disminuyó un 24,3 % y el grosor descendió 8,5 metros en promedio, registrándose bajas de hasta 21 metros en sectores específicos. Además, los especialistas advierten que el hielo prácticamente ya no se desplaza, lo que evidencia la pérdida de su dinámica propia como glaciar.
Un ecosistema en riesgo y un horizonte cercano
Aunque el glaciar posee una extensión reducida de aproximadamente 30 hectáreas (0,3 kilómetros cuadrados), su evolución funciona como un indicador de las condiciones ambientales de toda la cordillera. De acuerdo con estudios del IPE-CSIC recopilados por la Universidad del País Vasco (EHU), los Pirineos contaban con más de 100 glaciares en 1850, cifra que se redujo a solo 18 para el año 2022, lo que representa una pérdida del 92 % de la superficie glaciar desde el final de la Pequeña Edad de Hielo.
Las proyecciones científicas publicadas bajo el título «No hope for Pyrenean glaciers» («No hay esperanza para los glaciares pirenaicos») estiman que el hielo de la cordillera podría desaparecer hacia el año 2034, o incluso antes si se repiten temporadas estivales de calor extremo. Aunque este tipo de masas heladas de menor dimensión no aportan significativamente al nivel del mar ni al caudal de los grandes ríos, su desaparición altera los procesos de erosión, el transporte de nutrientes y los ecosistemas de alta montaña, además de favorecer los desprendimientos de rocas que dificultan el acceso a las cumbres.
