El piruétano en Doñana: el paradójico declive del peral silvestre

Un monitoreo llevado a cabo a lo largo de casi dos décadas por la Estación Biológica de Doñana puso al descubierto un fenómeno paradójico: las estrictas medidas de protección dentro del Parque Nacional están acelerando la desaparición del piruétano (Pyrus bourgaeana), un peral silvestre autóctono. En 2006, un equipo científico marcó 75 ejemplares en una parcela del sector de Matasgordas. Para 2025, solo quedaban 18 en pie y únicamente uno de ellos era un árbol nuevo.

A lo largo de 20 años de investigación, los especialistas hicieron el seguimiento de cinco poblaciones de la especie —dos ubicadas dentro del parque y tres en el exterior—, lo que abarcó un total de 356 plántulas, 2.541 brinzales (ejemplares jóvenes sin fruto) y 679 adultos. Los datos reflejan una marcada diferencia: mientras que en Matasgordas murió el 40,4% de los ejemplares adultos en un periodo de tres años, en el área exterior de Rocina la mortalidad registrada fue de apenas el 3,8%.

Fauna, semillas y sequía: las causas del problema

La falta de regeneración de árboles jóvenes en el interior del parque responde al comportamiento de las distintas especies animales. Animales como el zorro y el tejón consumen los frutos enteros y dispersan semillas viables lejos del árbol madre, favoreciendo la propagación. En cambio, los ciervos y los jabalíes muelen las semillas al comerlas y las dejan en el mismo lugar, imposibilitando el nacimiento de nuevos ejemplares.

Sin embargo, la ausencia de renuevos no explica por sí sola la muerte de los árboles más antiguos. Según constataron los investigadores, la mortalidad de los ejemplares adultos está directamente ligada a la sequía y al paulatino descenso de las aguas subterráneas. Esta situación de estrés hídrico también se observó en zonas como Hato Ratón, ubicada fuera del parque, donde los piruétanos sufren la pérdida de ejemplares a pesar de no registrar la misma presión por parte de los grandes herbívoros.

El debate sobre el impacto de la moratoria de caza

El fenómeno reavivó la discusión sobre la prohibición de la caza en los Parques Nacionales, vigente desde diciembre de 2020. Un sector sostiene que la moratoria favoreció el aumento de la población de ciervos, lo que genera lo que los ecólogos denominan «deuda de extinción»: árboles adultos que permanecen en pie pero no logran dejar descendencia que los sustituya.

Pese a esta hipótesis, los especialistas remarcan que el incremento de ciervos en Doñana comenzó antes de la prohibición de la caza y recordaron que anualmente se siguen abatiendo cientos de jabalíes para controlar su impacto. El caso evidencia los desafíos de la conservación ambiental, donde la protección de ciertas especies puede terminar afectando de manera no deseada a otros elementos de la flora silvestre.