Volver a casa después de unos días de vacaciones y encontrarse con las plantas totalmente marchitas o secas por el calor es una situación habitual. Ante esa imagen, la primera reacción suele ser descartarlas y tirarlas a la basura. Sin embargo, en muchos casos el vegetal aún conserva vida en su interior.
Según explicó el profesor de horticultura Ross Cameron en el portal The Conversation, el marchitamiento es una respuesta natural que utilizan las plantas para conservar agua y proteger su sistema interno de transporte de nutrientes. Este estado de latencia les permite resistir periodos de estrés hídrico y altas temperaturas. Antes de darlas por muertas, existen métodos sencillos para comprobar si todavía se pueden salvar.
Tres métodos para verificar si la planta está viva
Para determinar si la planta continúa con vida, se pueden aplicar tres pruebas básicas:
- El método del rascado: resulta muy útil en especies leñosas. Consiste en raspar suavemente la corteza externa con la uña o un cuchillo. Si debajo aparece tejido húmedo de color verde o blanco pálido, la planta sigue viva. Si el tejido se ve marrón, conviene probar rascando un poco más abajo antes de darla por perdida.
- La prueba de flexibilidad: consiste en doblar ligeramente un tallo, preferentemente cerca del extremo. Si se flexiona sin romperse o apenas se agrieta dejando ver tejido verde, aún hay esperanza. Si se quiebra de forma seca y quebradiza, esa parte está muerta.
- Inspección de las raíces: se logra retirando la planta de la maceta o de la tierra. Si las raíces son claras y flexibles, el ejemplar conserva vida. En cambio, si lucen oscuras, quebradizas o desprenden mal olor, el daño es irreversible.
Pasos para su recuperación
Si los controles confirman que la planta sobrevivió, es momento de asistirla para su recuperación, aunque se deben evitar los excesos:
- Riego gradual: una planta en estado latente consume muy poca humedad. Hay que regarla de manera pausada y solo cuando la tierra esté completamente seca, garantizando siempre un buen drenaje para no ahogar las raíces.
- Sin cambios ambientales drásticos: no es conveniente moverla de manera intempestiva a un lugar con luz o humedad radicalmente distintas, ya que las plantas no responden bien a los giros bruscos en su entorno.
- Evitar el fertilizante: aplicar abono en este punto es un error común. Al estar durmiente, la planta no asimilará esos nutrientes en sus tejidos.