Hallan 26 ánforas romanas de forma accidental en Formentera

Durante una campaña de evaluación pesquera al sur de Formentera, la tripulación del buque oceanográfico Miguel Oliver realizó un hallazgo arqueológico inesperado. Mientras operaba sus redes a unos 1.400 metros de profundidad en busca de especies marinas, la embarcación enganchó 26 ánforas romanas en estado casi intacto y 17 cajas con fragmentos cerámicos. El material recuperado fue entregado en menos de 24 horas al Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera (MAEF) para su recepción y resguardo.

El contenedor estándar del aceite imperial

El equipo especializado determinó que las piezas pertenecen al tipo Dressel 20, un modelo de recipiente utilizado para el transporte de aceite bético entre los siglos I y III d.C. Estas vasijas se fabricaban a orillas del río Guadalquivir, entre las zonas de Hispalis y Corduba (las actuales Sevilla y Córdoba), y tenían capacidad para almacenar entre 40 y 80 litros. Por la porosidad de la arcilla, se trataba de envases descartables que se utilizaban en un único viaje.

Varias de las ánforas rescatadas mantienen sellos y tituli picti, que son inscripciones pintadas que detallan el peso, el origen y el nombre del comerciante. Este tipo de marcas permite reconstruir las rutas comerciales de la época, encontrándose sellos idénticos en antiguos asentamientos de Londres y Maguncia. El consumo masivo de este producto dejó marcas históricas como el Monte Testaccio en Roma, una elevación formada por unos 53 millones de restos de este mismo modelo.

Contexto de las labores pesqueras

El descubrimiento ocurrió de manera fortuita, ya que el buque realizaba tareas científicas vinculadas a la pesca. El Miguel Oliver se encontraba realizando el relevamiento del programa MEDITS, una iniciativa internacional creada en 1994 que evalúa la situación de los caladeros mediterráneos y en la que intervienen once países. La zona de las Pitiusas fue incorporada a estas mediciones en el año 2021.

La profundidad en la que se halló el yacimiento, situada en los 1.400 metros, resulta inalcanzable para la práctica del buceo tradicional o técnico. Los objetos ubicados en ese nivel del lecho marino solo pueden ser alcanzados mediante redes de arrastre, artefactos operados de forma remota o sumergibles de gran profundidad.