El biplano de madera que logró el primer vuelo atlántico sin escalas

Hoy en día, cruzar el océano Atlántico en avión forma parte de la rutina diaria a bordo de aeronaves modernas de gran capacidad. Sin embargo, en 1919 la aviación comercial estaba lejos de existir y apenas habían transcurrido 16 años desde el primer vuelo de los hermanos Wright. Aunque la Primera Guerra Mundial aceleró el desarrollo de motores y estructuras, el océano continuaba siendo un obstáculo gigantesco.

Pocas semanas después de que un hidroavión de la Marina estadounidense completara la travesía atlántica por etapas, dos aviadores británicos, John Alcock y Arthur Whitten Brown, se propusieron lograr el cruce de un solo tirón, sin realizar ninguna escala entre América y Europa.

Las características del biplano Vickers Vimy

El avión elegido para el intento fue un Vickers Vimy, un bombardero pesado desarrollado en Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial que no llegó a utilizarse en combate. La aeronave medía 13,27 metros de longitud y tenía una envergadura de 20,47 metros. Estaba construida sobre una estructura de madera arriostrada con cables y recubierta de tela.

Para tomar dimensión de sus proporciones, un avión de pasajeros actual como el Airbus A350-900 posee una envergadura de 64,75 metros, más de tres veces el tamaño del Vimy. El biplano estaba propulsado por dos motores Rolls-Royce Eagle de 360 CV cada uno y fue adaptado para cargar aproximadamente 3.900 litros de combustible, una modificación imprescindible para afrontar el trayecto.

Despegue extremo y navegación sobre el océano

La travesía también estuvo motivada por un incentivo económico: el periódico Daily Mail ofrecía un premio de 10.000 libras al primer vuelo transatlántico sin escalas, una meta que varios equipos ya habían intentado alcanzar sin éxito.

Debido al enorme peso del combustible cargado, el despegue resultó complejo. Alcock y Brown partieron desde un terreno improvisado de unos 457 metros (500 yardas) en St. John’s, Terranova, donde fue necesario retirar diversos obstáculos e incluso volar rocas para despejar la pista.

Durante el vuelo, la orientación quedó a cargo de Brown, quien debió recurrir a técnicas de navegación marítima. Sin sistemas electrónicos, calculó la posición mediante observaciones del Sol y las estrellas, estimaciones de deriva y referencias visuales sobre el mar hasta lograr llegar a tierra en Irlanda.

El registro en imágenes del hito

La hazaña coincidió con el avance de la fotografía de masas, impulsada desde finales del siglo XIX por las cámaras de rollo Kodak y por la llegada del rotograbado a la prensa escrita. Gracias a estos avances técnicos de la época, se conserva un registro visual detallado que abarca desde los preparativos en tierra y las fotos de los tripulantes hasta el estado del biplano tras su aterrizaje en territorio irlandés.