El Festival de Cine de Telluride fue el escenario elegido para el estreno de Pete Townshend: Behind Blue Eyes, un documental dirigido por Frank Marshall y Nigel Sinclair que indaga en la trayectoria del guitarrista y compositor de la mítica banda británica The Who.
El largometraje combina secuencias de conciertos históricos con una mirada orientada a la faceta más introspectiva y poética del músico, analizando los matices personales que moldearon su obra a lo largo de las décadas.
Archivo inédito y los orígenes del músico
Entre los principales atractivos del proyecto se destaca la inclusión de abundante material audiovisual inédito. La cinta rescata filmaciones procedentes de rollos de 16 milímetros grabados en Holmhurst Manor en 1972, junto con películas caseras del propio Townshend y tomas descartadas de la histórica actuación de The Who en el Festival de la Isla de Wight de 1970.
A través de estos registros, la producción repasa la etapa de formación del guitarrista en la escuela de arte. Fue en ese ámbito educativo donde tomó contacto con la música clásica de vanguardia y observó performances en las que se destruían pianos, una idea conceptual que más tarde adaptó a sus actuaciones en vivo al romper guitarras sobre el escenario durante las primeras presentaciones del grupo en el oeste de Londres.
Más allá de la potencia en el escenario
Aunque el documental registra gestos característicos de su técnica, como el famoso rasgueo circular con el brazo extendido, el eje narrativo prioriza el costado creativo y dramático del artista. La película profundiza en la concepción de la ópera rock Tommy, vinculada a experiencias de su infancia, y muestra la búsqueda de Townshend por expandir el alcance del género musical hacia formas de expresión de mayor ambición conceptual.
Asimismo, el filme rescata imágenes de las primeras etapas de la banda, incluyendo interpretaciones de canciones emblemáticas como I Can’t Explain de 1965, exponiendo la transición entre los inicios del grupo en el movimiento Mod y la consolidación de Townshend como una de las figuras más reflexivas del rock.