Un estudio publicado en la revista académica AI & Society plantea una inquietante hipótesis sobre la relación entre los seres humanos y la inteligencia artificial. Según investigadores de las universidades de Birmingham (Reino Unido), Linneo (Suecia) y Aarhus (Dinamarca), la interacción constante con modelos de IA está provocando que las personas adapten su forma de comunicarse y comportarse al estilo de los sistemas informáticos.
La tesis principal del trabajo sostiene la existencia de una suerte de «humanidad robotoide». Este fenómeno no se daría de forma unidireccional, sino mediante un proceso bidireccional: mientras la tecnología adopta rasgos humanos para generar confianza y lograr una comunicación más natural, las personas interiorizan de manera inconsciente las formas de respuesta de la máquina.
Los mecanismos detrás de la mimetización
Los autores del trabajo, Ozturkcan, Toral-Manson y de Cros Peronard, explican que este proceso se fundamenta en dos factores clave. Por un lado, el instinto natural de las personas hacia la mimetización comunicativa, que consiste en adoptar el estilo del interlocutor. Por el otro, la capacidad de los modelos de inteligencia artificial para recordar interacciones anteriores y ajustar su conducta al usuario.
A medida que la tecnología logra expresarse de forma más fluida, la inclinación a imitarla se intensifica. Sin embargo, los científicos advierten que esta adaptación intuitiva para comunicarse mejor con la máquina puede generar efectos no deseados en la conducta personal.
Pérdida de rasgos propios y alcance del trabajo
De acuerdo con la investigación, al volvernos más compatibles con la tecnología, se corren riesgos de perder atributos propiamente humanos. Entre los aspectos señalados por los académicos se encuentran la imprevisibilidad y el sentido del yo, elementos que no sufren el mismo impacto cuando la mimetización se produce exclusivamente entre seres humanos.
Pese a sus advertencias, los propios autores aclaran que el estudio presenta una limitación central: se trata de un trabajo estrictamente teórico. La investigación no incluyó pruebas experimentales ni seguimientos longitudinales en personas reales, sino que se apoyó en análisis y literatura previa sobre la interacción entre humanos y máquinas, por lo que sus conclusiones se consideran una hipótesis bien fundamentada.