En junio de 1976, Gary George, un estudiante de ingeniería de la Universidad Lamar que había realizado sus prácticas en el Johnson Space Center de la NASA en 1973, asistió a una subasta de excedentes del Gobierno en la base aérea de Ellington, cerca de Houston. Por 217,77 dólares adquirió un lote de aproximadamente 1.150 rollos de cinta magnética que la agencia espacial había decidido liquidar.
El objetivo inicial de George era puramente comercial. Su plan consistía en reutilizar los rollos de vídeo Ampex, borrar su contenido y vendérselos a emisoras de televisión locales para que grabaran encima.
Un consejo clave que salvó los rollos
Con el paso del tiempo, el comprador vendió parte del material, donó algunas cintas a su universidad y a una iglesia que transmitía sus servicios, y desechó otras de escaso valor. Sin embargo, entre unas 65 cintas de vídeo de dos pulgadas, tres cajas captaron la atención de su padre.
Los contenedores llevaban etiquetas escritas con el texto «APOLLO 11 EVA | July 20, 1969 REEL 1–3», acompañadas por la referencia técnica de los equipos de grabación. Su padre le aconsejó que no vendiera esos tres ejemplares ni permitiera que nadie grabase sobre ellos, una recomendación que evitó que terminaran destruidos o reutilizados como el resto del lote.
Qué contenían las cintas del Apolo 11
Las tres cintas albergaban aproximadamente 144 minutos de la actividad extravehicular efectuada el 20 de julio de 1969 durante la misión del Apolo 11. El material registraba el descenso de Neil Armstrong, la llegada de Buzz Aldrin a la superficie lunar, el despliegue de la bandera estadounidense, la realización de experimentos, la recolección de muestras y la conversación telefónica con el presidente Richard Nixon.
Se trataba de grabaciones de primera generación realizadas en el Control de Misión sobre cintas Quadruplex de dos pulgadas. Estas se registraron tras convertir a formato NTSC la señal de escaneo lento (slow-scan) que se recibía directamente desde la Luna, lo que les permitía conservar una calidad de imagen superior a las transmisiones de las cadenas de televisión de la época.
Registros recuperados
Existe una distinción técnica relevante sobre este material. Las grabaciones originales de mayor resolución, capturadas por la cámara Westinghouse en la Luna a diez imágenes por segundo, se recibieron en estaciones terrestres y se almacenaron en 45 grandes rollos SSTV. La NASA concluyó años después que esos 45 registros originales probablemente habían sido borrados y reutilizados.
Las cintas en posesión de George no eran esos 45 rollos perdidos, sino los registros de primera generación procesados en Houston tras la conversión al estándar televisivo. Esta condición las convirtió en los registros conservados de mayor calidad de ese evento, lo que llevó a que, décadas después de su compra original por poco más de 200 dólares, el conjunto de tres cintas alcanzara un valor de 1,82 millones de dólares.