Qué fue el cretinismo, la afección que marcó a los Alpes y Pirineos
Durante siglos, las poblaciones de regiones montañosas sufrieron el cretinismo, una condición caracterizada por bocio, limitaciones cognitivas y talla baja.
Antes de que los Alpes se convirtieran en un destino turístico o de deportes invernales, las regiones montañosas de Europa y otros continentes eran percibidas como rincones inhóspitos y aislados. En esos territorios, la población convivía con una afección física y cognitiva que llamó la atención de viajeros y cronistas desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna: el cretinismo.
Manifestaciones clínicas y origen del término
Las personas afectadas por esta patología presentaban diversos síntomas visibles. Entre ellos figuraban distintos grados de bocio —un agrandamiento de la glándula tiroides que se manifestaba como un bulto en el cuello—, enanismo agudo que en ocasiones les impedía superar el metro de altura, escaso pelo, piel rígida y severas limitaciones intelectuales. Con el tiempo, el diagnóstico derivó en un uso cotidiano de la palabra para referirse a la falta de inteligencia.
Sin embargo, la etimología del nombre tiene una raíz distinta. El término proviene de la palabra francesa chrétien (cristiano), un saludo habitual entre los pobladores alpinos. En 1788, el explorador Thomas Martyn describió la afección en sus escritos remarcando el aspecto sombrío y las limitaciones de los afectados. Décadas más tarde, a comienzos del siglo XX, el fotógrafo Eugène Trutat retrató a personas con esta condición, como en su conocida imagen de «José El Cretino».
Una afección vinculada a la geografía
La enfermedad adquirió presencia en la cultura popular gracias a las historietas de Tintín, creadas por el dibujante Hergé. En ellas, el Capitán Haddock utilizaba la expresión «cretino de los Alpes» dentro de sus particulares retahílas de insultos. El autor belga también incluyó variaciones asociadas a los Balcanes o al Himalaya, geografías que compartían características similares.
El cretinismo registró una elevada frecuencia en zonas montañosas y de difícil acceso, como los Alpes y los Pirineos. La alta incidencia en estas geografías abruptas llevó a los observadores de la época a teorizar sobre sus posibles causas, atribuyendo el mal a factores como los aires de las alturas, la contaminación de las aguas o la endogamia en comunidades aisladas.
