La Sagrada Familia vuelve a frenarse por un conflicto con vecinos

A pesar de que en febrero de 2026 se completó la Torre de Jesucristo —que con sus 172,5 metros superó a la catedral de Ulm por unos 11 metros para convertirse en el edificio religioso más alto del mundo—, la Sagrada Familia de Barcelona está lejos de ser terminada. A la obra iniciada por Antoni Gaudí en marzo de 1882 le resta aproximadamente un 15% para su culminación definitiva, pero los trabajos volvieron a estancarse por tercera vez debido a un dilatado conflicto urbano.

El punto central del desacuerdo gira en torno a la proyección de una gran escalinata en la fachada de la Gloria. El plan requiere liberar espacio en dos manzanas del distrito del Eixample, donde residen cerca de 200 familias que se oponen a ser desalojadas sin condiciones favorables o que rechazan la demolición de sus viviendas para dar paso a una obra de carácter privado.

Tres gestiones municipales sin lograr un acuerdo

El dilema de la expropiación acumula medio siglo de indefiniciones y atravesó las administraciones de tres alcaldes consecutivos: Xavier Trias, Ada Colau y el actual mandatario Jaume Collboni. Aunque en marzo el presidente delegado de la Junta Constructora del templo, Esteve Camps, había asegurado que el entendimiento con el Ayuntamiento estaba cerca, las conversaciones no prosperaron.

Entre los hitos recientes de esta disputa se destacan los siguientes puntos clave:

  • Irregularidad histórica: La basílica se construyó sin licencia formal durante 137 años, hasta que en 2019 el Ayuntamiento la regularizó a cambio del pago de 4,6 millones de euros, dentro de un plan de 36 millones a abonarse en diez años.
  • Mesas de diálogo: En junio de 2026 se llevó a cabo una reunión entre las autoridades municipales y los residentes, sin la presencia de los representantes del templo, quienes sostienen que solo deben negociar de manera directa con el gobierno local.
  • Plazos vencidos: El borrador del acuerdo prometido para julio de 2026 lleva dos meses de retraso. Mientras los vecinos denuncian un parate institucional, la administración municipal sostiene que la negociación sigue abierta, aunque no fijó una fecha límite.

Un diseño del siglo XIX en una ciudad moderna

Cuando Antoni Gaudí proyectó la fachada de la Gloria —pensada como la más monumental de las tres que componen el templo— concibió una gran escalinata de acceso y un viaducto que conectaría con la avenida Diagonal. En aquel momento, los terrenos lindantes se encontraban desocupados. Sin embargo, el fuerte crecimiento demográfico registrado entre las décadas de 1950 y 1970 densificó la zona hasta llevar a Barcelona a su récord histórico de más de 1.700.000 habitantes en 1981.

Llevar a cabo la idea original de Gaudí implicaba inicialmente la demolición de cerca de 1.000 departamentos y 300 comercios. La propuesta más reciente del municipio redujo el ancho del paseo peatonal de 60 a 40 metros, disminuyendo el número de viviendas afectadas a menos de 200. Esta alternativa contempla el reasentamiento de los vecinos dentro del mismo distrito o una indemnización a precio de mercado.

A pesar de la reducción del impacto, los vecinos afectados mantienen firme su postura de resistencia. Con este frente paralizado, el templo al que le resta construir la fachada de la Gloria y su programa escultórico completo continuará sumando tiempo a sus más de 144 años de edificación.