El 10 de enero de 2026, los satélites espaciales captaron una impresionante imagen en el océano Pacífico: una mancha elíptica de color verde y azul de aproximadamente 200 kilómetros de largo por 120 de ancho rodeando las islas Chatham, un remoto archipiélago ubicado a unos 800 kilómetros al este de Nueva Zelanda. A pesar de su apariencia similar a la de un vertido contaminante, los análisis confirmaron que se trata de un fenómeno completamente natural.
El origen del fenómeno en el Pacífico
La formación fue registrada en primer lugar por el satélite europeo Sentinel-3 y, apenas una hora y media más tarde, por el satélite estadounidense NOAA-20. La explicación detrás de este gigantesco remolino de colores reside en el fitoplancton, un conjunto de microorganismos fotosintéticos que viven suspendidos en el agua y constituyen la base de la cadena alimentaria marina.
Cuando coinciden las condiciones adecuadas de luz y nutrientes, la población de estos organismos se multiplica de manera drástica. La clorofila que utilizan para realizar la fotosíntesis aporta la tonalidad verdosa en el agua, mientras que las corrientes oceánicas y los remolinos se encargan de moldear las vistosas espirales y filamentos observados desde el espacio.
Un fertilizante natural submarino
El archipiélago de las Chatham está situado sobre una extensa meseta submarina que altera la circulación oceánica de la región. Desde el norte llegan corrientes subtropicales cálidas, ricas en hierro pero con menores niveles de macronutrientes. Desde el sur, en cambio, avanzan aguas antárticas frías y cargadas de otros nutrientes esenciales.
El relieve del fondo marino favorece la mezcla de ambas masas de agua, lo que funciona como un fertilizante natural. Sumado a las prolongadas horas de radiación solar durante el verano austral, el entorno reúne los factores clave para desencadenar estas proliferaciones biológicas.
El registro más intenso en una década
Si bien estas floraciones de fitoplancton ocurren habitualmente entre el final de la primavera y el comienzo del verano austral en torno a la meseta de Chatham, el evento de enero de 2026 alcanzó la mayor intensidad observada en al menos diez años de registros del satélite Sentinel-3.
La fase más aguda de este fenómeno se extendió por unas tres semanas. Luego de ese período, la mancha comenzó a debilitarse y a desplazarse hacia el este, mientras las observaciones satelitales permitieron documentar cómo las corrientes afectaban su estructura a lo largo del tiempo.