viernes 6 de noviembre
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La IA no logra crear fármacos: el contundente ensayo de Vertex

Mientras los líderes de la tecnología aseguran que la inteligencia artificial curará enfermedades en los próximos años, la farmacéutica Vertex probó 50 empresas del sector y ninguna logró desarrollar un medicamento viable.

Por Radio Plaza
Publicado · 3 min de lectura
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Fuente: fallback

En los últimos meses, los principales referentes de la inteligencia artificial prometieron que su tecnología revolucionará la medicina. Dario Amodei, director general de Anthropic, afirmó que la IA podría curar la mayoría de las grandes enfermedades en un plazo de cinco a diez años. En una línea similar, Demis Hassabis, consejero delegado de Google DeepMind, sostuvo que es posible curar todas las afecciones dentro de la próxima década, mientras que Sam Altman, máximo responsable de OpenAI, expresó públicamente su deseo de avanzar hacia tratamientos eficaces contra el cáncer y el Alzheimer.

Sin embargo, las expectativas de las grandes empresas tecnológicas chocan de frente con la realidad actual del laboratorio y la industria farmacéutica. A pesar de los progresos de la disciplina, la herramienta todavía se encuentra muy distante de generar medicamentos seguros y eficaces de forma autónoma.

El experimento de Vertex con 50 compañías de IA

El presidente de la firma farmacéutica Vertex, Jeff Leiden, dio a conocer los resultados de una prueba exhaustiva realizada por su laboratorio. La compañía recurrió a aproximadamente 50 empresas de inteligencia artificial para analizar una base de datos compuesta por cerca de 10.000 compuestos farmacológicos.

El balance final fue rotundamente negativo: ningún modelo de IA logró desarrollar un medicamento viable. El resultado deja en evidencia que la tecnología actual no posee la capacidad de descubrir nuevos fármacos por sí sola, aunque sí puede aportar en etapas específicas del proceso.

Un copiloto útil frente a la complejidad humana

Según explicó Leiden, la inteligencia artificial funciona en la actualidad como un copiloto para los investigadores. Sirve como apoyo durante la labor científica, pero no puede reemplazar el trabajo humano. Para diseñar un fármaco no alcanza con hallar una molécula capaz de interactuar con una proteína determinada.

El organismo humano presenta un nivel de complejidad extraordinario, donde intervienen miles de procesos biológicos con dependencias profundas que resultan difíciles de identificar y comprender. Si bien los algoritmos destacan al identificar patrones, predecir estructuras de proteínas o sugerir moléculas prometedoras, ninguno logró anticipar con precisión cómo se comporta un compuesto al entrar en contacto con el cuerpo.

A esto se suma la dificultad de prever efectos secundarios e interacciones biológicas, factores que obligan a sostener ensayos preclínicos y fases de investigación clínica durante varios años antes de llevar un tratamiento al mercado.

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