Estudio finlandés vincula tiempo de pantalla y rendimiento cognitivo

Un seguimiento realizado en Finlandia durante ocho años arrojó resultados inesperados sobre el impacto de los dispositivos digitales en los jóvenes. La investigación, iniciada en 2007 en la ciudad de Kuopio con poco más de 500 niños de entre 7 y 9 años, buscaba analizar cómo influía la actividad física y la dieta en el desarrollo infantil. Sin embargo, al evaluar años después a 260 de esos participantes ya en su adolescencia, los expertos se encontraron con un dato revelador.

Según las conclusiones publicadas en la revista Pediatric Exercise Science, acumular más tiempo frente a las pantallas y menos actividad física no supervisada desde la infancia se asoció con un mejor procesamiento cognitivo y una mayor cognición global en la etapa adolescente.

Resultados que contrastan con investigaciones previas

El hallazgo llama la atención por ir a contramano de postulados previos. Uno de los trabajos más citados sobre la materia, realizado en 2018 por Walsh y sus colaboradores sobre una muestra de 4.520 niños de entre 8 y 11 años, concluía que superar las dos horas diarias de pantallas recreativas afectaba el desarrollo cognitivo.

En la investigación finlandesa, la asociación positiva entre la exposición a pantallas y las capacidades intelectuales se sostuvo aun después de ajustar los datos en función de la edad, el sexo, la educación de los padres y la capacidad cognitiva previa de los participantes.

El tipo de actividad por encima de la cantidad de horas

La clave para comprender estas diferencias parece residir en el tipo de consumo digital. Los especialistas señalan que la categoría general de ‘tiempo de pantalla’ resulta insuficiente para sacar conclusiones drásticas, ya que no produce el mismo efecto leer, resolver puzles o hacer tareas escolares que dedicarse al desplazamiento pasivo de contenidos en redes sociales.

En ese sentido, expertos en neuropsicología explican que el impacto a largo plazo responde en gran medida al costo de oportunidad, es decir, a qué actividad beneficiosa se deja de hacer mientras se utiliza un dispositivo. Si la pantalla se emplea para la lectura o el aprendizaje, la pérdida cognitiva es menor. Asimismo, los autores del estudio advirtieron que los datos corresponden a patrones de uso de hace más de una década, vinculados a televisores, computadoras de escritorio y los primeros teléfonos móviles.