La cineasta Alina Marazzi presenta en la sección Horizontes del Festival de Venecia la película La chica de la Leica, una producción que busca rendir tributo a Gerda Taro, la primera mujer fotoperiodista que perdió la vida en un campo de batalla. La película está inspirada en la novela homónima de Helena Janeczek, publicada en 2018, y cuenta con el protagonismo de la actriz Emilia Schüle en el rol de Taro.
Una perspectiva centrada en la protagonista
Gerda Taro tenía solo 26 años cuando murió durante la Guerra Civil Española, y debieron pasar varias décadas para que su trabajo y su contribución al fotoperiodismo fueran reconocidos. A diferencia del libro de Janeczek, que abordaba la historia desde el recuerdo de tres de sus amigos durante la década de 1960, la adaptación escrita por Marazzi junto a Valia Santella eligió relatar la trama desde el punto de vista directo de la propia Taro.
El relato cinematográfico sitúa su punto central el 14 de julio de 1937, durante la celebración del Día de la Bastilla en París. Allí se muestra a Taro junto a sus amigos y su pareja, el fotorreportero Endrè Friedmann, antes de regresar a España para cubrir el conflicto bélico. A través de retrospecciones, el film muestra la vida de la fotógrafa —nacida como Gerta Pohorylle—, su pasado como militante de izquierda en Leipzig y su posterior huida hacia Francia tras la llegada del nazismo al poder.
Exilio en París y la invención de Robert Capa
Durante su exilio en París, Taro comenzó a desarrollar su interés por la fotografía y formó una alianza con Friedmann. Juntos crearon el personaje ficticio de un fotógrafo estadounidense llamado Robert Capa con el objetivo de vender sus producciones en el mercado de Estados Unidos. A causa de esta estrategia, muchas de las imágenes capturadas por Taro terminaron siendo atribuidas a Capa, lo que invisibilizó su labor profesional una vez que Friedmann adoptó ese nombre de forma exclusiva.
La película retrata también el ambiente cultural del París de los años treinta y la red de contención formada por inmigrantes de Europa Central y Oriental. Dentro del círculo de Taro se encontraban figuras como Fred Stein y David «Chim» Seymour (registrado al nacer como Dawid Szymin), quien años más tarde, en 1947, cofundó la agencia Magnum. Para este grupo de exiliados, la fotografía funcionó tanto como un sustento económico como una herramienta para estructurar un lenguaje visual propio y transmitir su visión del mundo.