El entrenamiento de fuerza no se vincula a riesgos cardíacos graves

Un estudio realizado por investigadores de Johns Hopkins Medicine determinó que el entrenamiento de fuerza no está asociado a un mayor riesgo de desarrollar arritmias ventriculares graves en personas que padecen miocardiopatía arritmogénica (ACM) o que presentan predisposición genética a esta enfermedad. Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista especializada JACC: Clinical Electrophysiology.

La miocardiopatía arritmogénica es una afección hereditaria que afecta a entre una de cada 1.000 y 5.000 personas en todo el mundo. La patología se produce por mutaciones genéticas que alteran la capacidad del corazón para contraerse y bombear sangre. Históricamente, a los pacientes diagnosticados se les ha recomendado evitar el ejercicio aeróbico de alta intensidad debido al estrés que genera en las células cardíacas.

Diferencias entre el ejercicio aeróbico y la musculación

A diferencia de disciplinas aeróbicas de alta exigencia como el ciclismo o las carreras de velocidad, el entrenamiento de fuerza genera un impacto distinto sobre la función cardíaca. Las altas demandas del ejercicio aeróbico intenso pueden desencadenar eventos severos, como paros cardíacos o muerte súbita, los cuales suelen presentarse con mayor frecuencia en personas de entre 20 y 40 años.

Sin embargo, los profesionales médicos no contaban con datos suficientes sobre el impacto específico de los ejercicios de musculación. La doctora Lili Barouch, autora principal del estudio y directora del programa de cardiología deportiva del Centro Ciccarone para la Prevención de Enfermedades Cardiovasculares de Johns Hopkins, señaló que estos hallazgos permiten avanzar hacia decisiones más personalizadas entre médicos y pacientes, alejándose de las prohibiciones genéricas de actividad física.

Cómo se realizó la investigación

Para llevar a cabo el trabajo, los autores analizaron los datos de 355 participantes incluidos en el registro de Miocardiopatía Arritmogénica del Ventrículo Derecho (ARVC) de Johns Hopkins. A los involucrados se les consultó sobre sus niveles de actividad física desde los 10 años de edad hasta su incorporación al estudio.

Los científicos compararon los tipos de ejercicio realizados con los episodios de arritmia ventricular registrados. En el estudio se consideró arritmia ventricular a eventos como:

  • Taquicardia ventricular sostenida (frecuencia cardíaca rápida de más de 30 segundos a 100 o más latidos por minuto).
  • Fibrilación o aleteo ventricular.
  • Paro cardíaco repentino o muerte súbita cardíaca.
  • Uso de un dispositivo cardíaco implantable.

Alrededor del 55% de los participantes experimentó algún tipo de arritmia ventricular durante el seguimiento, ocurriendo la mitad de estos episodios al momento de la inscripción inicial, tras un diagnóstico o evento previo. Los datos recolectados permitieron confirmar que la práctica de entrenamiento de fuerza no incrementó la probabilidad de sufrir este tipo de complicaciones.