Egipto y el proyecto Toshka: un segundo valle del Nilo en el desierto

En 1997, el gobierno de Egipto puso en marcha uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos de su historia reciente: el plan Toshka, también conocido como el Nuevo Valle. La iniciativa buscaba extraer agua del lago Nasser y conducirla mediante canales hacia el desierto occidental, con el objetivo de convertir cientos de miles de hectáreas de arena en zonas agrícolas y fundar un nuevo corredor habitable.

El sueño de descongestionar el Nilo

La geografía egipcia presenta un desafío histórico, dado que más del 95% de la población se concentra en una franja muy estrecha alrededor del río Nilo y su delta. Las primeras ideas para expandir el territorio habitable hacia el desierto se remontaban a la época de Gamal Abdel Nasser y los planes vinculados a la represa de Asuán. Sin embargo, fue Hosni Mubarak quien reactivó la propuesta a fines de los años noventa.

El plan, bautizado por algunos como la «pirámide de Mubarak», contemplaba en sus proyecciones iniciales la posibilidad de trasladar hasta al 20% de la población del país hacia ese nuevo territorio. El objetivo central era resolver problemas estructurales como la superpoblación, el desempleo, la falta de suelos fértiles y la dependencia de la importación de alimentos. Además de las zonas de cultivo, la propuesta abarcaba la edificación de viviendas, fábricas, escuelas y hospitales.

Agua en el desierto, pero sin desarrollo urbano

En términos de infraestructura hidráulica, el Estado egipcio concretó la obra principal. En 2005 se inauguró una gigantesca estación de bombeo con un costo estimado en 436 millones de dólares. La instalación, provista de 24 grandes bombas, fue diseñada para elevar el agua desde el lago Nasser e impulsarla hacia el canal Sheikh Zayed, encargado de distribuirla mediante diferentes ramales por el desierto.

Sin embargo, la llegada del agua no estuvo acompañada por el desarrollo previsto. Para el año 2012, transcurridos 15 años desde el inicio de los trabajos, solo se habían puesto en producción unas 21.000 hectáreas, lo que representaba menos del 10% de la meta fijada para ese período.

Aunque en la zona se lograron cosechar alimentos como trigo, uvas, porotos y maní, una parte significativa de esa producción se destinó a la exportación. En tanto, las ciudades, industrias y centros de servicios proyectados para albergar a los nuevos habitantes no se concretaron en la escala anunciada.