Un reciente ensayo científico volvió a poner en el centro del debate cuál es la mejor estrategia nutricional para perder peso y mejorar la salud metabólica. La investigación comparó la dieta cetogénica, la mediterránea y un plan bajo en grasas en condiciones de estricto control, ofreciendo datos precisos sobre sus efectos inmediatos.
Para evitar fallas de medición habituales, donde los participantes suelen equivocarse o mentir al informar lo que comen, los investigadores proporcionaron la totalidad de las comidas a los voluntarios. De esa manera se aseguró una adherencia superior al 95% entre personas con diagnóstico de obesidad, prediabetes y esteatosis hepática (hígado graso).
Los resultados de la dieta cetogénica a corto plazo
Los participantes fueron divididos en tres grupos que siguieron dietas con el mismo número de calorías, diseñadas para lograr una reducción del 10% del peso corporal. Si bien todos los grupos mostraron mejoras al adelgazar, el grupo de la dieta cetogénica —caracterizada por un aporte muy bajo de carbohidratos— registró cambios metabólicos más acentuados durante un lapso de cinco meses.
En concreto, la grasa acumulada en el hígado descendió un 67% en el grupo cetogénico, en comparación con el 45% de reducción observado en los otros esquemas. Asimismo, las personas bajo este plan evidenciaron una mayor sensibilidad a la insulina y menores niveles de glucosa en sangre.
Limitaciones y dificultades de sostenimiento
Pese a estos indicadores favorables, los especialistas aclaran que los datos deben tomarse con cautela. Una de las limitaciones centrales del ensayo es su muestra reducida, ya que únicamente 42 personas lograron completarlo.
A su vez, la viabilidad de la dieta cetogénica en la vida cotidiana plantea dilemas. La eliminación drástica de alimentos como el pan, la pasta, las legumbres y la mayoría de las frutas suele generar impacto social y psicológico, además de provocar un marcado efecto rebote cuando se interrumpe la restricción.
El papel de la dieta mediterránea a largo plazo
A diferencia de la intervención estricta que plantea la dieta cetogénica, los estudios con mayor seguimiento continúan respaldando el modelo mediterráneo. Entre los antecedentes figura el ensayo español PREDIMED, que siguió a 7.447 participantes a lo largo de varios años y demostró que una dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva virgen extra o nueces reduce un 30% los eventos cardiovasculares mayores.
Frente a este escenario, los consensos oficiales destacan que la decisión final debe basarse en la personalización. Mientras que una dieta cetogénica puntual puede funcionar de manera temporal ante cuadros específicos como el hígado graso, la adherencia y el cuidado de la salud a largo plazo siguen inclinando la balanza hacia enfoques más sostenibles.