Un equipo de investigadores del Centro Nacional de Investigación de Ingeniería y Tecnología de la Manzana, perteneciente a la Universidad Agrícola de Shandong en China, logró identificar una vía regulatoria fundamental que controla el desarrollo de las raíces en los manzanos. El hallazgo, publicado en la revista científica Horticulture Research, detalla la relación entre un tipo de lípidos específicos y la hormona vegetal auxina.
Las plantas leñosas perennes suelen presentar sistemas radiculares poco densos, lo que limita la absorción eficiente de nutrientes y debilita su respuesta ante situaciones de estrés ambiental. En escenarios de sequía severa, la falta de vigor en las raíces puede reducir la eficiencia del rendimiento por debajo del 40 % e incrementar la mortalidad de los árboles hasta un 60 %.
Un circuito molecular impulsado por lípidos
Hasta el momento se sabía que los ácidos grasos de cadena muy larga (denominados VLCFA) regulan el desarrollo de las raíces en plantas herbáceas como Arabidopsis. Sin embargo, su papel en especies arbóreas como el manzano no había sido determinado.
El trabajo demostró que el factor de transcripción MdARF19 actúa como un regulador central que activa a dos proteínas clave: MdLTPG17, encargada del transporte de lípidos, y MdKCS19, una sintasa involucrada en la elongación de ácidos grasos. Al trabajar en conjunto, estas proteínas promueven la acumulación de VLCFA y estimulan el estiramiento de la raíz.
El papel de la auxina y una molécula clave
Durante los experimentos, la aplicación externa de estos ácidos grasos en plántulas de manzano incrementó de forma significativa tanto la longitud como la superficie radicular. Este efecto se logró al elevar los niveles de la hormona auxina (IAA) en los tejidos, combinando una mayor producción hormonal con una menor degradación de la misma.
Mediante análisis lipidómicos, el equipo identificó que la molécula responsable de impulsar este crecimiento en el manzano es la C18:0-OH. Este resultado marca una diferencia con los ácidos grasos de cadenas más largas observados en herbáceas, lo que muestra cómo las especies han evolucionado de manera distinta para resolver necesidades similares.
Los científicos explicaron que estos lípidos no funcionan únicamente como componentes estructurales pasivos, sino que intervienen de forma activa en la amplificación de las señales hormonales. Entender este mecanismo ofrece herramientas para desarrollar portainjertos más resistentes y con mayor capacidad de absorción de agua y nutrientes.