En 1986, la actividad extractiva en el complejo 11/19 de Loos-en-Gohelle, una localidad del Paso de Calais cercana a Lens, llegó a su fin. Con el cierre de las minas de carbón, quedaron abandonadas dos gigantescas montañas de residuos acumulados durante décadas. Conocidas como terrils, estas estructuras alcanzaron unos 150 metros de altura sobre la llanura circundante y 186 metros sobre el nivel del mar, posicionándose entre las escombreras más altas de Europa.
Lo que en su momento parecía un daño irreversible para el paisaje del norte de Francia derivó, cuatro décadas después, en una transformación ambiental inesperada generada por la propia interacción entre las rocas, el sol y la naturaleza.
Un microclima mediterráneo en medio del clima oceánico
El elemento determinante en esta evolución fue el propio material descartado por los mineros: el esquisto negro. Esta roca oscura absorbe de manera intensa la radiación solar, mientras que las laderas de los conos orientadas hacia el sur funcionan como colectores térmicos de gran tamaño.
La combinación de la superficie pedregosa, el drenaje rápido del agua de lluvia y la constante exposición al sol dio origen a un ambiente cálido y seco. De este modo, en una región caracterizada históricamente por su clima oceánico, las antiguas montañas de residuos crearon un refugio climático atípico para el norte del país.
El retorno de la vida vegetal y animal
Con el paso de los años, distintas especies adaptadas a condiciones secas y soleadas comenzaron a colonizar las laderas. Entre la vegetación espontánea aparecieron orquídeas silvestres y plantas de ambientes áridos, al tiempo que diversos insectos y mariposas encontraron refugio en los espacios abiertos.
Los reptiles también se establecieron en la zona, utilizando las rocas calientes para regular su temperatura corporal. De acuerdo con la documentación municipal de Loos-en-Gohelle, el complejo 11/19 ha llegado a albergar:
- 190 especies vegetales espontáneas.
- 159 especies animales registradas en el área.
Esta transformación en el complejo 11/19 no es un caso aislado, sino que forma parte de un proceso de recuperación natural que se extiende por la antigua cuenca minera del Norte-Paso de Calais, donde los desechos industriales terminaron dando paso a nuevos ecosistemas.