Combustible derivado de basura: opción para descarbonizar el cemento
Un estudio de la Universidad de Adelaida evaluó el potencial de transformar residuos en combustible para reducir las emisiones de la producción cementera.
La industria del cemento enfrenta una presión creciente para disminuir su impacto ambiental, ya que actualmente representa alrededor del 8% de las emisiones globales de dióxido de carbono. Frente a este panorama, un equipo de investigadores de la Universidad de Adelaida, en Australia, analizó la viabilidad de utilizar basura no reciclable transformada en combustible para alimentar los hornos cementeros y reducir la dependencia del carbón y otros insumos fósiles.
El trabajo, liderado por la investigadora doctoral Geethmi Thisakya junto a los doctores Navodana Rodrigo, Chamitha Wijewickrama y el profesor George Zillante, se centró en la evaluación sistemática del denominado combustible derivado de residuos (RDF, por sus siglas en inglés). La investigación fue publicada en la revista científica International Journal of Building Pathology and Adaptation.
Co-procesamiento y reducción de desechos
Para generar el calor extremo que requiere la fabricación de cemento, las plantas queman grandes cantidades de combustibles fósiles. De manera paralela, toneladas de materiales combustibles que no pueden reciclarse terminan en rellenos sanitarios. La alternativa planteada consiste en procesar estos desechos adecuados para convertirlos en energía, un procedimiento conocido en el sector como co-procesamiento.
El equipo revisó 211 artículos académicos publicados entre 1991 y julio de 2025, examinando 48 de ellos en detalle junto con siete documentos regulatorios. Según los hallazgos, el empleo de RDF ayuda a abordar dos problemas al mismo tiempo: reduce el volumen de desperdicios enviados a basurales y colabora en la descarbonización de un sector clave para la infraestructura.
Desafíos normativos y estándares de calidad
Pese al potencial de esta técnica, los autores advierten que la sustitución del carbón no es automática. Para que las cementeras adopten estos materiales de manera confiable, resulta indispensable garantizar una calidad constante en el combustible y contar con marcos regulatorios precisos.
La investigación también detectó una confusión extendida entre el combustible derivado de residuos (RDF) y el combustible sólido recuperado (SRF), una variante sometida a normas de estandarización más estrictas. Esta falta de uniformidad en los términos y en los controles dificulta la comparación de datos científicos y la interpretación de las exigencias ambientales en cada jurisdicción.
Ejes para el desarrollo futuro
Frente a este escenario, los especialistas destacaron la necesidad de desarrollar sistemas de aseguramiento de calidad que permitan a los fabricantes tomar decisiones fundamentadas sin poner en riesgo la seguridad operativa ni el cumplimiento normativo.
Entre las prioridades señaladas para próximas investigaciones se incluyen la mejora en la clasificación de los combustibles alternativos, la armonización de reglamentaciones a nivel internacional y la realización de evaluaciones integrales sobre el impacto social, económico y ambiental de estas soluciones.
