China halló hierro gamma en las muestras del lado oculto de la Luna

La misión espacial china Chang’e 6, que aterrizó en la cara oculta de la Luna el 1 de junio de 2024 y trajo a la Tierra casi dos kilogramos de muestras superficiales, continúa aportando novedades científicas. Un estudio publicado en la revista PNAS revela el hallazgo de hierro gamma en ese material lunar, una estructura atómica que no debería existir bajo las condiciones habituales del satélite.

A las temperaturas normales de la superficie lunar, que oscilan entre los -248 °C y los 121 °C, el hierro puro se ordena de forma natural en su fase alfa. Para transformarse en hierro gamma, caracterizado por una estructura cúbica centrada en las caras, el material requiere alcanzar temperaturas de entre 912 °C y 1.394 °C. Su presencia en las muestras recolectadas por China resulta una rareza excepcional.

Un choque térmico provocado por meteoritos

Los científicos de la Academia China de Ciencias sostienen la hipótesis de que la formación de este material obedece al impacto de un meteorito. Ese evento habría generado un incremento gigantesco y repentino de la temperatura, seguido por un enfriamiento igualmente súbito que congeló la estructura en la fase gamma sin darle tiempo a retornar al estado alfa.

En este proceso también intervinieron pequeñas cantidades de carbono aportadas por el meteorito, las cuales colaboraron en la estabilización de la estructura. Se trata de un mecanismo similar al temple del acero, donde el enfriamiento brusco permite conservar la forma adoptada durante el calentamiento.

Un registro del campo magnético lunar

Las partículas de hierro gamma encontradas en el material traído por Chang’e 6 mostraron estructuras magnéticas estables y reaccionaron adecuadamente ante la presencia de campos magnéticos externos. Aunque la Luna no posee un campo magnético global en la actualidad, existe un debate abierto sobre si contó con uno en eras anteriores.

Debido a que ciertos materiales funcionan como una grabadora natural al enfriarse, fijando la huella magnética de su entorno en ese preciso momento, el análisis de estas muestras podría confirmar si existía un campo magnético en el satélite cuando ocurrió el congelamiento del metal.