En 1977, el estreno de la película Smokey and the Bandit (conocida en español como Los Caraduras) cambió para siempre la historia de un modelo de auto emblemático. Tras convertirse en un fenómeno de taquilla totalmente inesperado, el presidente de Pontiac decidió agradecerle al protagonista Burt Reynolds con un beneficio poco común: un vehículo cero kilómetro gratis cada año de por vida.
Un éxito de taquilla que nadie esperaba
La película surgió a partir de un guion escrito a mano por el especialista de Hollywood Hal Needham. El proyecto enfrentó severas dificultades desde el inicio, incluido un recorte presupuestario de último momento que dejó la cifra en 4,3 millones de dólares. El propio Burt Reynolds llegó a comentar sobre el primer borrador que era el peor guion que había leído jamás.
A pesar de la falta de confianza inicial por parte del estudio, el público respondió masivamente en las salas. La cinta recaudó más de 126 millones de dólares solo en Estados Unidos y se ubicó como la segunda película más taquillera de 1977, únicamente superada por La guerra de las galaxias.
Impacto récord en las ventas
Para la filmación, Pontiac cedió cuatro unidades del Firebird Trans Am negro y dorado que conducía el personaje de Reynolds. Sin realizar inversiones adicionales en campañas publicitarias, la marca logró el mayor hito comercial de su historia al convertir al auto en un objeto de culto.
Las ventas se dispararon inmediatamente después del lanzamiento en cines. Según datos compartidos por el propio Needham años más tarde, la empresa vendió un adicional de 25.000 unidades del Trans Am tan solo durante 1978.
Un auto nuevo cada temporada
En reconocimiento por la publicidad involuntaria pero altamente efectiva, el presidente de Pontiac, Alex Mair, se comunicó con Reynolds y le prometió enviarle un Trans Am nuevo cada año de forma vitalicia. La promesa se cumplió de manera puntual durante cinco años consecutivos.
El actor no solía quedarse con los vehículos y prefirió repartirlos entre sus familiares:
- El primer auto entregado fue para su hermana.
- El segundo ejemplar se lo regaló a su hermanastro.
- Sobre el destino del tercer vehículo, el actor admitió tiempo después que ni siquiera lo recordaba.
- El cuarto fue el único que conservó para sí mismo, y décadas más tarde fue subastado por 450.000 dólares.
El cambio que cortó la tradición
A partir del sexto año, la entrega anual se interrumpió y el auto nuevo nunca llegó. Al asumir que se trataba de un simple fallo de logística en la distribución, Reynolds decidió llamar él mismo a las oficinas de Pontiac para consultar qué había pasado, marcando el cierre de un acuerdo informal que dependía de la antigua cúpula de la compañía.