A finales de los años noventa y principios de los 2000, solía afirmarse que la juventud de esa época era la más preparada de la historia, impulsada por tasas altas de acceso a la universidad. Sin embargo, en la actualidad, el panorama educativo muestra una preocupante transformación. Años de exposición constante a las pantallas y el abandono de la lectura frecuente generaron una pérdida en las capacidades de comprensión lectora de los estudiantes.
Esta situación comenzó a encender las alarmas en el ámbito académico de Estados Unidos. Profesores universitarios advierten que muchos alumnos de la Generación Z no alcanzan el nivel esperado para abordar la bibliografía de sus materias, al punto de presentar serias dificultades para procesar oraciones complejas.
Cambios en las aulas y el recurso de la inteligencia artificial
La imposibilidad de abordar textos extensos modificó la dinámica habitual de las clases. Tiempo atrás, los docentes asignaban lecturas de entre 25 y 40 páginas entre cursadas. Frente a este tipo de pedidos, muchos alumnos actuales eligen recurrir a herramientas de inteligencia artificial para solicitar resúmenes de los puntos principales, un hábito con el que terminan perdiendo los matices y la profundidad de las obras original.
Para adaptarse a esta realidad, diversos docentes e instituciones debieron ajustar sus planes de estudio. En lugar de exigir libros completos, se opta por entregar fragmentos breves o trasladar la lectura al aula para realizarla en voz alta y en grupo. En otros casos, el material escrito comenzó a ser reemplazado por contenidos en formato de audio y video.
Una tendencia que alcanza a las escuelas
El déficit lector no afecta de forma exclusiva a la educación superior, sino que también impacta en los escolares de la Generación Alfa. Los resultados de pruebas estatales en Estados Unidos confirman que el nivel de aprendizaje actual es menor en comparación con el de la década anterior. Analistas del sector, como el investigador Nat Malkus, califican el fenómeno como una recesión del aprendizaje cuyas señales ya se registraban antes del inicio de la pandemia.
El problema no se limita al continente americano. En el libro Más libros y menos pantallas, el neurocientífico Michel Desmurget cita un informe del Ministerio de Educación de Francia que indica que el 21% de los jóvenes de entre 16 y 25 años tiene complicaciones para comprender lo que lee, mientras que un 10% registra situaciones equivalentes al analfabetismo.