La competencia por la supremacía aérea global sumó un nuevo capítulo tras los anuncios y avances recientes de las dos principales potencias militares. Mientras Estados Unidos oficializó sus planes para el Boeing F-47 y aseguró que será el primer caza de sexta generación del planeta, China ya mantiene en el aire al menos dos modelos experimentales que buscan anticiparse a ese dominio.
El proyecto estadounidense se enmarca en la iniciativa NGAD (Next Generation Air Dominance), con la que la Fuerza Aérea busca renovar su aviación de combate tripulada para operar de forma integrada con sistemas de drones autónomos.
El proyecto estadounidense: Boeing F-47
Según detalló el general de brigada Timothy Helfrich, responsable de adquisiciones de cazas de la Fuerza Aérea de EE. UU., el F-47 está concebido para liderar la nueva era de la aviación militar. Para llevar adelante el programa, Boeing recibió en marzo de 2025 un contrato cercano a los 20.000 millones de dólares.
El objetivo fijado por Washington es realizar el primer vuelo de prueba en 2028 y adquirir al menos 185 unidades. Aunque la Fuerza Aérea solo ha difundido ilustraciones conceptuales, entre las metas del avión se destacan una velocidad superior a Mach 2, un radio de combate de más de 1.000 millas náuticas (más de 1.850 kilómetros) y tecnología furtiva de nueva generación.
Los desarrollos de China en el aire
A diferencia de la presentación formal realizada por Washington, China mantiene una postura más reservada sobre sus avances, pese a que sus aeronaves ya registran actividad en el aire. Desde diciembre de 2024 se observaron imágenes de dos modelos con diseños sin cola que representan un salto respecto a los cazas actuales.
El primero de ellos, surgido de la planta de Chengdu y denominado extraoficialmente J-36, es una aeronave de gran tamaño con planta alar en forma de diamante, tres motores y cabina en configuración lado a lado. Por sus dimensiones, los analistas estiman que cuenta con gran capacidad interna para combustible, armamento y sensores. Las imágenes permitieron detectar variaciones en tomas de aire y trenes de aterrizaje, lo que sugiere el vuelo de entre cuatro y cinco prototipos diferentes.
El segundo modelo, identificado de forma provisional como J-50 y vinculado a las instalaciones de Shenyang, es un bimotor más compacto sin estabilizadores verticales convencionales. Con al menos dos unidades detectadas en vuelo, sus dimensiones se aproximan más al concepto del F-47, aunque Pekín no ha confirmado sus especificaciones ni su función definitiva.