Desde la presentación del Lenovo IdeaPad Yoga en 2012, el mercado de las computadoras portátiles incorporó el concepto del formato convertible. Aquel dispositivo introdujo una bisagra capaz de girar la pantalla 360 grados para pasar del modo convencional al uso como tablet, además de permitir posturas como el modo tienda o soporte para consumir contenido sin tener el teclado enfrente. La propuesta prometía combinar en un solo equipo la capacidad de trabajo de una notebook con la practicidad de una tablet.
Catorce años después, los datos del sector reflejan que la categoría mantiene un lugar secundario en el mercado. De acuerdo con informes de la consultora IMARC, que divide la industria entre computadoras portátiles tradicionales y dispositivos 2 en 1, las notebooks convencionales continúan siendo el segmento claramente dominante en entornos educativos, laborales y espacios cotidianos.
Dos caminos para un mismo concepto
A pesar de no haber desplazado a las computadoras portátiles tradicionales, la categoría no desapareció, sino que atravesó un proceso de maduración. Marcas como Samsung, HP, Lenovo y Acer mantienen la estructura basada en una pantalla táctil unida al teclado mediante una bisagra, aunque implementada con materiales más estilizados, paneles de mayor calidad y un nivel de construcción más avanzado. En estos modelos, el usuario sigue llevando consigo la estructura y el teclado físico al utilizarlos en modo tablet.
En paralelo, la industria desarrolló una segunda variante: los equipos desmontables. Promovidos principalmente por Microsoft a través de la línea Surface —como el Surface Pro 3—, estos dispositivos ubican la totalidad del hardware en la pantalla y permiten retirar el teclado por completo. De esta manera, el sector de los 2 en 1 se dividió entre las notebooks convertibles de 360 grados y las tablets con teclado acoplable.
El desafío de equilibrar movilidad y rendimiento
A lo largo de los años, los equipos convertibles enfrentaron el reto de ubicarse en un terreno intermedio. Mientras que las tablets convencionales ofrecían alternativas más livianas para la máxima movilidad, los portátiles tradicionales y los equipos diseñados para videojuegos mantenían ventajas para tareas de alta exigencia, como renderizado, edición de video o cargas de trabajo profesionales.
Por su parte, otras empresas del sector tecnológico optaron por posturas distintas frente a esta integración de formatos. Es el caso de Apple, que decidió mantener una clara separación entre sus líneas de computadoras MacBook y sus tablets iPad sin unificar ambas categorías en un solo dispositivo.