Un barco con 1.400 toneladas de bombas en el Támesis

En agosto de 1944, en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el buque estadounidense SS Richard Montgomery partió cargado con unas 7.000 toneladas de municiones. Su destino final era Cherburgo, en Francia, una plaza recién liberada tras el desembarco de Normandía. La embarcación formaba parte de los más de 2.700 Liberty Ships construidos en serie por Estados Unidos para sostener el esfuerzo de guerra aliado.

Sin embargo, el carguero nunca llegó a cruzar el Canal de la Mancha. Al hacer escala en el estuario del Támesis a la espera de un nuevo convoy frente a Sheerness, el barco arrastró su ancla el 20 de agosto de 1944, encalló en un banco de arena y su casco comenzó a fisurarse. Los trabajos de rescate lograron retirar aproximadamente la mitad de la carga, pero el 25 de septiembre el navío se inundó por completo y las tareas debieron ser abandonadas. En las bodegas de proa quedaron atrapadas unas 1.400 toneladas netas de material explosivo.

Un peligroso arsenal atrapado en el barro

Ocho décadas después del accidente, el pecio continúa hundido en la misma posición. En su interior se conserva un peligroso cargamento de la Segunda Guerra Mundial que incluye bombas de hasta 2.000 libras, munición de fragmentación, proyectiles de humo con fósforo blanco y cajas de espoletas.

La opción de retirar el armamento representa un desafío extremo. Trabajar directamente sobre artefactos explosivos sumergidos durante más de 80 años implicaría un riesgo elevado y exigiría desplegar protocolos de evacuación y seguridad extraordinarios en las poblaciones costeras cercanas. Debido a esto, la estrategia del Gobierno británico durante décadas consistió en aislar la zona, analizar el barco con frecuencia y evitar manipularlo a menos que la inacción suponga un peligro mayor.

Estudios con sonar y desgaste del casco

El entorno marino del estuario, caracterizado por corrientes permanentes, mareas y desplazamientos del lecho, provocó una degradación paulatina de la estructura de acero. Para controlar el estado del naufragio, la Maritime and Coastguard Agency de Reino Unido realiza monitoreos constantes mediante tecnología de sonar de alta resolución.

Durante las inspecciones más recientes se detectaron sectores del barco donde el metal muestra un grado de corrosión tal que partes de la chapa pueden desprenderse al contacto leve con herramientas de trabajo. Si bien los especialistas aclaran que este deterioro no implica un colapso inminente ni una explosión inmediata, sí confirma la pérdida paulatina de resistencia del casco y justifica la vigilancia permanente sobre el lugar.