Los perros detectores con hambre cometen más falsas alarmas

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Waikato y la Universidad de Adelaida determinó que el horario de las comidas influye en el desempeño de los perros capacitados en la detección de olores. Según la investigación, cuando los animales trabajan con hambre a cambio de alimento, son más propensos a identificar erróneamente aromas que no corresponden al objetivo.

El trabajo, publicado en la revista científica Learning and Motivation, analizó la precisión olfativa de seis perros entrenados para reconocer una mezcla específica de cuatro olores mediante un sistema automatizado. Las pruebas se llevaron a cabo en dos escenarios diferentes: antes y después de recibir su desayuno.

El efecto del hambre en la toma de decisiones

Los resultados indicaron que la tasa promedio de identificación correcta del olor buscado se mantuvo cercana al 90% en ambas situaciones. Sin embargo, la diferencia principal se registró al momento de descartar los olores incorrectos. Cuando los perros no habían comido, su capacidad para rechazar los aromas que no eran el objetivo cayó de manera significativa, lo que generó un mayor número de falsas alarmas.

El profesor asociado Tim Edwards, de la Universidad de Waikato, explicó que la falta de comida no modifica la capacidad física de oler, sino la predisposición del perro a responder. "Lo que encontramos es que el hambre parece cambiar la probabilidad de que un perro afirme que un olor objetivo está presente", señaló. Edwards comparó esta reacción con la situación de una persona que busca con urgencia sus llaves y confunde cualquier objeto metálico con ellas debido a la motivación por encontrarlas.

Implicancias para los perros de trabajo

Esta tendencia a indicar falsos positivos cobra relevancia en áreas donde la precisión canina es fundamental, como en la detección de explosivos, minas antipersona, enfermedades o en tareas de conservación ambiental, así como en deportes olfativos con perros de compañía.

La doctora Jade Fountain, coautora de la investigación mientras realizaba su doctorado en la Escuela de Ciencias Animales y Veterinarias de la Universidad de Adelaida, destacó el impacto de este comportamiento. "Para un perro de trabajo, una falsa alarma puede importar tanto como no detectar el objetivo, especialmente cuando las personas confían en ellos para distinguir un olor de otro", afirmó.

A pesar de las observaciones, los autores del estudio aclararon que las conclusiones no implican que se deba alimentar abundantemente a los animales inmediatamente antes de cada jornada. Los especialistas señalaron que las estrategias de alimentación deben evaluar el tipo e intensidad de la tarea, la respuesta individual del perro y el método de entrenamiento y recompensa, aunque remarcaron que se necesitan más investigaciones para aplicar estos datos a entornos operativos reales.