May el-Toukhy reflexiona sobre Woman Unknown y la brecha de género

En su nuevo largometraje titulado Woman Unknown, la directora May el-Toukhy fija la mirada en un capítulo poco explorado de la Segunda Guerra Mundial: la situación de las mujeres acusadas de mantener vínculos con soldados alemanes, conocidas como «colaboradoras horizontales». La historia transcurre en Dinamarca y profundiza en cómo el cuerpo femenino pasó a ser considerado parte de la identidad nacional durante y después del conflicto bélico.

La trama sigue a Marie, una joven que trabaja como sirvienta y niñera, y que está a punto de casarse con su empleador adinerado. Sin embargo, en las semanas previas a la liberación en 1945, debe luchar por sobrevivir mientras intenta evitar que los secretos de su pasado salgan a la luz.

Una memoria histórica relegada

Para el-Toukhy, la idea original no era abordar este periodo. En un principio, la realizadora buscaba filmar una historia sobre la caza de brujas posterior a la Reforma protestante en el siglo XVI. No obstante, al encontrarse con una antigua fotografía de prensa que mostraba a una mujer con una cruz esvástica pintada en la espalda, decidió cambiar el rumbo del proyecto para centrarse en la ambigüedad moral de estas vivencias.

La directora señaló que prácticas como el rapado de cabeza o la humillación pública constituyen conductas ancestrales que aún se repiten en diversos conflictos armados actuales. Para construir el relato, también se inspiró en los testimonios recopilados por la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich en su libro La guerra no tiene rostro de mujer. Según el-Toukhy, el propio título de la película remite a las etiquetas que solían colocarse en las fotos de archivo, donde estas mujeres eran catalogadas simplemente como «mujer desconocida» debido al desinterés histórico por registrar su testimonio.

El reclamo por un cambio estructural en el cine

Además del impacto de su temática, la producción cobró repercusión en el marco del Festival de Venecia tras señalarse la presencia de una sola directora en la competencia oficial de largometrajes, a la que luego se sumó el documental Naza, codirigido por Rachel Szor.

Si bien el-Toukhy expresó su satisfacción por formar parte del certamen internacional, catalogó la escasa representación femenina como un problema de índole estructural. A su criterio, esta brecha es histórica y condiciona desde los presupuestos asignados a los proyectos hasta la atracción de talentos e interés mediático en la industria audiovisual.