Audi cambia su plan eléctrico y vuelve a apostar a la combustión

En 2021, Audi anunció un giro radical en su estrategia global: detener el desarrollo de motores de combustión y encaminarse hacia una oferta completamente eléctrica hacia 2026. Sin embargo, el ritmo real del mercado automotriz llevó a la firma alemana a reevaluar sus metas más drásticas y dar marcha atrás en sus objetivos de electrificación total.

Las previsiones sobre la velocidad de adopción del auto eléctrico resultaron demasiado optimistas frente a una demanda que avanza más lento de lo esperado en Europa y otros mercados clave. A esto se suma que los clientes de los segmentos más exclusivos continúan mostrando una clara preferencia por los motores tradicionales.

Del plan «todo eléctrico» a la respuesta del mercado

La decisión original de congelar las inversiones en propulsores térmicos respondía a las exigencias impuestas por las normativas de emisiones, como la norma Euro 7, cuyos costos de desarrollo se consideraban prohibitivos. La firma esperaba retirar de producción los motores diésel y nafteros apenas cinco años después de aquel anuncio.

Sin embargo, el escenario cambió. Recientemente, el propio CEO de Audi, Gernot Döllner, admitió en declaraciones a Bloomberg un fenómeno que impacta a la industria de alta gama: cuanto más caro es un vehículo, mayor es el interés de los compradores por mantener un motor de combustión. Esta realidad impulsó a la marca a redefinir la convivencia entre ambas tecnologías.

Lanzamientos y la postura de la competencia

El cambio de rumbo quedó plasmado con la presentación del Audi Q9, su nuevo modelo insignia pensado para el mercado estadounidense. En lugar de apostar por un esquema 100% eléctrico, el vehículo desembarcó equipado con un motor V6 TDI de 299 CV.

Este replanteo no es aislado. Competidores directos como Mercedes-Benz también debieron desacelerar sus planes de electrificación exclusiva. Por su parte, BMW optó desde el comienzo por una transición más progresiva: destinó 10.000 millones de euros a su plataforma eléctrica «Neue Klasse», pero mantuvo el desarrollo de sus motores térmicos más grandes y rentables. Así, las principales marcas alemanas recalibran sus inversiones para adecuarse a los hábitos reales de consumo.