Corea del Sur vivió su último verano legal con consumo de perro

Corea del Sur atravesó este año una etapa histórica al registrar el último verano en el que se permite legalmente la venta y consumo de carne de perro. Durante generaciones, la tradición local señalaba que el consumo de bosintang, una sopa caliente elaborada con este insumo, era ideal para recuperar fuerzas durante los boknal, los tres días identificados como los más calurosos de la temporada estival.

Sin embargo, esta práctica quedará definitivamente fuera de la ley para la llegada de la temporada alta de 2027, como consecuencia de la legislación aprobada en 2024 por el Parlamento surcoreano. Dicha normativa prohíbe la cría, el faenamiento, la distribución y la venta de perros destinados a la alimentación humana.

Transformación social y cambio de hábitos

La caída de este comercio no responde únicamente a la implementación de la norma, sino a un profundo recambio cultural en la sociedad del país asiático. El aumento de las mascotas en los hogares y una mayor preocupación por el bienestar animal redujeron de forma drástica la demanda en los últimos años.

Las cifras oficiales dan cuenta de esta transformación: según datos gubernamentales, la proporción de ciudadanos que afirmaba haber consumido carne de perro cayó del 27% en 2015 al 8% en 2024. Además, relevamientos previos a la sanción de la ley revelaron que más del 90% de los encuestados no tenía intención de consumirla en el futuro, casi el 95% no lo había hecho durante el último año y más del 80% respaldaba la prohibición legal.

El impacto en los comercios tradicionales

El cambio de época se observa con claridad en espacios históricos como el mercado Moran, en Seongnam, cerca de Seúl, que fue durante décadas un núcleo central de esta actividad. En la actualidad, la mayoría de los recintos de comida han reemplazado el plato por alternativas como el estofado de cabra negra, promocionado también por sus propiedades energéticas.

Los clientes que aún acuden a consumir esta sopa tradicional son mayoritariamente adultos mayores de 70, 80 y 90 años. En este contexto, comerciantes históricos del sector señalan que los costos crecientes y las escasas ganancias han vuelto insostenible la actividad, la cual concluirá de manera definitiva con la aplicación plena de la prohibición.