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La terapia menos pensada salvó a una joven con un trastorno mental

“Luché con la decisión de si poner mi nombre a este artículo o dejarlo anónimo (…) Una vez que se publique, corro el riesgo de que los clientes o los padres de los clientes se enteren de mis propias batallas con la enfermedad mental”.

Así comenzó su relato Amy Kievit, quien compartió su difícil historia de vida con el Journal Crossfit: “El miedo ha sido un compañero mío por mucho tiempo”.

Kievit sufre de ansiedad y depresión

Desde su infancia, la joven estadounidense fue víctima de diversos desordenes mentales: ansiedad, trastornos obsesivos-compulsivos y depresión. “Los medicamentos me mantenían bajo control, pero los efectos secundarios me obligaban a tomar un descanso”, relataba.

La medicación era su cable a tierra, pero cuando tenía que interrumpir la ingesta, la ansiedad volvía por partida doble. Fue por eso que se vio obligada a probar otras técnicas para aliviar su malestar. El ejercicio y la respiración fueron sus acompañantes en esos momentos.

“Me quedé sin medicación y experimenté múltiples ataques de pánico y tuve un colapso mental completo”, explicaba la muchacha, que tuvo que acudir a un psiquiatra para que renueve la receta. “Me dijo que no volviera a trabajar hasta que volviera a estar estable”, agregó.

Desde que comenzó con la gimnasia cambió su hábito

Ahora Kievit es consejera de la familia y de la juventud en Hartford. En su tiempo libre, trabaja como voluntaria en un Centro de Equitación Terapéutica y es parte de Yankee CrossFit en Farmington, Connecticut.

El cambio radical comenzó el 4 de julio del 2014, fue en esa fecha cuando tomó la decisión de empezar una clase de banco en un local de CrossFit. Después de un tiempo, en el que practicó diversos ejercicios, sintió que “algo sucedió”.

“Por primera vez en semanas sentí que podía respirar. El peso en mi pecho había bajado. Mi cuerpo estaba tan gastado de entrenar, que finalmente pude hacer lo que había estado fallando durante las semanas anteriores: relajarme”, sentenció.

Cambió los medicamentos por las clases de CrossFit

El entrenamiento físico era lo único que ayudaba a combatir su ansiedad y depresión. La joven norteamericana pasó ocho semanas sin depender de los medicamentos. Ella tenía un nuevo cable a tierra: las clases de CrossFit, “Fue mi única salvación real durante ese tiempo”, recordó.

Hoy, Amy Kievit considera que los gastos que acarrea por mes el hecho de “solo ir al gimnasio” tiene muchos lados positivos ya que “el CrossFit es el mejor entrenamiento que he conseguido. Me siento completamente recuperada”, concluyó.